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Cuento: Intento de Salida


NOTA: Este cuento lo escribí, ya que mis compañeros de Producción de Multimedia del SENA me pidieron que escribiera un pequeño cuento para un evento de disfrases y decidí escribir este reciente cuento, espero que les gusten, gracias.

INTENTO DE SALIDA

Por: Juan Carlos Quenguan Acosta

Marcela, una estudiante de Producción de Multimedia, siempre tenía el sueño de ser una excelente diseñadora gráfica, tanto es así que en la materia de Diseño demostraba originalidad en sus trabajos ante sus compañeros y ante el profesor de diseño, pero cuando llega a casa, no aguantaba cualquier travesura que hace su hermano menor Rodolfo, sea en esconder muchas de las cosas que Marcela guardaba, o para dejar algo desagradable.

Un día de clases, el profesor encontró a Marcela dibujando un cisne con un crayón de color azul. Al ver que ella no tenía más que un crayón y unas tijeras en la cartuchera, decidió obsequiar un lápiz, un borrador y un tajalápiz.

–          Espero que con esto, puedes ir más allá de un diseño, recuerde que Diseño no es solamente algo gráfico, sino un gran mundo de formas que llegarán a tener vida – decía por último el profesor a la estudiante sonriente.

Cuando Marcela regresa a casa, como niña curiosa saca de su maleta y mira detalladamente el borrador, el tajalápiz y el lápiz, los probaban y como le gustó, los deja por encima de su cama y sale de su cuarto  para ir a almorzar.

Rodolfo aprovecha en entrar al cuarto y de manera sigilosa y burlona, mira lo que dejó su hermana por encima de su cama, los guarda en la cartuchera y lo lleva a su cuarto, allá deja la cartuchera encima de su cama y va también a almorzar.

Lo que nadie sabía era que de los residuos de mina del lápiz que dejó salen unas pequeñas partículas misteriosas y mágicas, regadas dentro de la cartuchera, cobrando vida a todos los instrumentos que están dentro, cada uno abre sus ojos, miran por todos lados y tratan de levantar, ya que estaban uno por encima del otro.

–          ¿Dónde estoy? – se preguntaba el lápiz.

–          ¿Qué pasa? – se preguntaba el crayón.

–          Me siento muy rara – dice las tijeras.

–          ¿Quiénes son ustedes? – preguntaba el lápiz sorprendido.

Cada uno se presenta brevemente, pero tenían dificultades en mover libremente dentro de la cartuchera.

–          Me llamo tijeras y soy quien corto todo, especialmente el papel que me gusta – respondía.

–          Sí, pero cuando te presentes, no muevas tanto, porque nos tumbaría – advertía el borrador – me llamo borrador y borro todo rastro que deja el  lápiz o cualquier color -.

–          Me llamo tajalápiz y me gusta la madera de cualquier lápiz o color, es muy deliciosa – se presentaba.

–          Soy quien coloreo por todas las superficies, especialmente sobre cualquier papel, me llamo crayón y quiero mucho a mi dueña – se presentaba.

–          Espero que la dueña también me acepte y me quiera, me llamo lápiz y creo que fui quien los hizo despertar – saludaba un poco avergonzado el lápiz.

–          Necesito salir de aquí – decía el crayón – estoy seguro que es ese burlón del hermano de mi dueña -.

–          ¿Pero cómo? – preguntaba las tijeras – si no puedo cortar la cartuchera, ya que es la cartuchera favorita de nuestra dueña -.

–          Si no me acuerdo… – piensa el tajalápiz – ¿sabes a quién despertamos?  -.

–          ¿Te refieres a la regla? – recordaba el lápiz.

–          Exacto – respondía el tajalápiz.

–          Entonces debemos llamarlo – sugería el crayón – para que nos ayude en salir de este incómodo espacio -.

Todos los que estaban en la cartuchera gritan fuertemente, haciendo tanto ruido que la regla se levantaba, escuchaba los gritos y decide en ir, dando saltos, pasando del cuarto de Marcela y llega al cuarto de Rodolfo.

–          ¿Dónde están? – preguntaba la regla.

–          ¡Aquí! ¡Aquí! – gritaban desesperados los demás útiles.

La regla salta por encima de la cama y encuentra la cartuchera.

–          Necesitamos que nos saquen de aquí – decía el crayón.

–          ¿Pero, cómo los puedo ayudar? – preguntaba la regla – si soy un instrumento de medición y de trazado, aunque… tengo una idea… tengan paciencia todos y vendré por ayuda.

Después de almorzar, Marcela vuelve a su cuarto, comienza a realizar sus trabajos en el computador y cuando se concentraba en realizar el curso virtual de inglés, no percataba que la regla llegaba saltando hacia el escritorio y con varios brincos trata de llamar a la joven, ella no le escuchaba. Entonces la regla miró que encima del escritorio habían regadas algunas partículas de mina del lápiz, saltaba lo más alto posible para soplarlo y lo lograba, saliendo las misteriosas partículas hacia la nariz de Marcela, ella da un pequeño respiro y las partículas penetraban, haciendo que la joven estornudara, después Marcela se sentía algo raro, como si estuviera bajando todo el tamaño de su cuerpo, la verdad estaba asustada.

La regla llegaba hacia la silla y llama a Marcela.

–          Necesito que me ayudes, ¡es urgente!  – decía la regla.

–          No puedo creer – se sentía sorprendida Marcela – ¿tú me hablas? -.

–          No hay tiempo, nuestros demás compañeros están atrapados en la cartuchera, encima de la cama de su hermano – insistía la regla.

–          Pero eso es absurdo – decía temerosa Marcela.

–          Si no me crees, te llevo hacia su cama y sabrás que lo que digo es cierto – invita la regla.

Marcela baja de la silla, saltando sobre la regla, quien la llevaba hacia la cama, allá Marcela no vio nada.

–          Esto debe ser un sueño – niega temerosa Marcela.

–          No es un sueño – responde la regla.

La joven piensa y decide en ayudar a la regla.

–          ¿Dónde están? – preguntaba la joven.

–          En el cuarto de su hermano – respondía la regla.

–          Entonces llévame hacia allá – pedía la joven.

La regla llevaba a Marcela y con grandes saltos brincaba hacia el cuarto de Rodolfo, allá llegaban a la cama.

–          Pero si es mi cartuchera – decía Marcela.

–           ¡Ayúdenos, por favor! – gritaban los que estaban dentro de la cartuchera.

La joven decide en ir hacia la cremallera, la abre y cada uno de los útiles salían de a uno, cada uno abrazaba a Marcela, agradeciendo cada uno, la felicidad es tan grande que la misma Marcela se desmaya.

Al despertarse, Marcela mira que está en frente de su computador, se levantaba de su silla, miró al piso y estaba la regla, la coge, se voltea hacia su cama y al ver que no estaban ni su cartuchera ni sus útiles, va enojada hacia el cuarto de Rodolfo, allá mira su cartuchera encima de la cama, lo saca, la abre y mira que están todos.

–          Pero si esto no fue un sueño – decía Marcela

Por la noche, en frente de sus familiares, decía lo que pasó, pero para no levantar sospechas, los contaba como si fuera un sueño, a sus familiares les parecían un chiste, menos al pequeño Rodolfo quien no podía ocultar y se disculpaba ante su hermana, lamentando de lo que hizo, diciendo que nunca le iba a dar más travesuras, Marcela aceptó la disculpa de Rodolfo y por las noches, todos durmieron, sin saber que los útiles se levantaron y formaron una gran fiesta dentro de la cartuchera, estaban contentos de que Marcela los ayudó en salir.

FIN.

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