Inicio » Bibliotecas » CUENTO: Estadía en la Biblioteca

CUENTO: Estadía en la Biblioteca


CUENTO: ESTADÍA EN LA BIBLIOTECA

Por: Juan Carlos Quenguan Acosta

En una gran ciudad, se había inaugurado una biblioteca con grandes exposiciones de importantes pintores de la ciudad.

Cierto día llegó un joven de un pueblo cercano a la gran ciudad. Al saber que había inaugurado la biblioteca, fue hacia allá. Cuando llegó, admiró la belleza arquitectónica de aquella biblioteca.

“¡Qué grande y bella es esta biblioteca!”, exclamó mentalmente: “En mi pueblo donde viví hay una pequeña biblioteca, ¡Oh! Admirada biblioteca, me quedaré en esta ciudad y vendré frecuentemente; para aprovechar de todo lo que tienes”.

Al día siguiente, en el colegio se presentó aquel joven ante sus compañeros, quienes lo recibieron y platicaron con él.

-¿De dónde vienes?– preguntó uno de los compañeros.

-Vengo de un pueblo cercano a esta ciudad– respondió el joven.

-¿Eres inteligente?– cuestionó curioso otro de los compañeros.

-Pues… sí– afirmó tímidamente el joven.

-¿De qué hincha eres?– indagó deseoso otro de los compañeros.

-Siempre fui hincha de los equipos capitalinos– contestó el joven.

-¿Así que eres hincha de Millos y de Santa Fe?– inquirió el mismo compañero.

-Si – confesó el joven.

-¿Y tienes novia?– interrogó otro de los compañeros.

-Bueno… en mi pueblo tuve a la chica más bella, inteligente y de buen carácter– afirmó el joven.

-¿Cómo te llamas?– curiosearon varios de los jóvenes.

-Me llamo Arturo– respondió sonriente el joven.

Arturo empezó a tener buenos amigos con los compañeros de clase, quienes se presentaron, cuyos nombres eran: Tomás, Eduardo, Alfredo, Alejandro, Darío y Guillermo.

Darío preguntó:

-¿Te gusta la ciudad?-.

-Sí, me encanta– reconoció Arturo.

-¿Cuáles lugares te gusta? – indagó Eduardo.

-La biblioteca reciente que inauguraron– contestó Arturo.

-¿Por qué?– interrogó Alejandro.

-Porque cuando la visité, me encantó lo que había– manifestó Arturo.

Alfredo dijo con desgano:

-¡Bah! A mí no me gusta esa clase de lugares, hay muchos libros que siempre son de historia, biología, matemáticas, física, química, español y literatura y eso me aburre-.

Entonces Arturo surgió una idea:

-¿Por qué no iremos hacia la biblioteca y averigüemos de cuáles temas hay?-.

Todos se miraron entre sí.

-Bueno, vámonos– determinó sonriente Guillermo.

Un día sábado, todos los compañeros de clase se reunieron al frente de la puerta principal de la biblioteca, se saludaron y entraron a la biblioteca. Allí averiguaron sobre los diversos temas que ofrecían en diferentes libros, en especial libros referentes a la afición y a los pasatiempos; de tal manera que adquirieron los libros, leyeron algunos de ellos y en realidad, les encantaron; eso sí, con mesura, respetando las normas de la biblioteca.

-¿Qué pasó?– preguntó juguetón Guillermo.

-¿Algo de qué?– cuestionó Darío.

-Que he visto una de nuestras compañeras– reconoció Guillermo.

-¿Quién? – preguntaron todos.

-Julieta…- reveló un poco sonrojado Guillermo.

Guillermo convenció a Arturo para que vaya con el resto del grupo a donde estaba Julieta para saludarla.

-¿Cómo estás?– preguntó Tomás.

-Muy bien, gracias muchachos– respondió Julieta con tono dulce y suave.

-¿Qué estás averiguando?– curioseó Alfredo.

-Estoy averiguando algo de español– contestó sonriente Julieta.

-Si quieres, nosotros te ayudamos – se ofreció Arturo, quien se presentó ante Julieta, ella miró el rostro del joven, en otros términos, ambos sintieron algo raro.

-Claro… no hay problema– expresó Julieta.

Los compañeros ayudaron durante toda la tarde en investigar, hablaron sobre sus pasatiempos, sobre los noviazgos y se divirtieron de todas las lecturas. Estuvieron hacia las primeras horas de la noche, se despidieron de manera fraternal y todos fueron hacia sus respectivas casas.

Todos los compañeros se hicieron buenos amigos, más aún, cuando Arturo comenzó en compartir sus estudios, sus aficiones y sus cosas con Julieta por muchos meses, entre ellos sus sentimientos.

En una de las charlas en la cafetería, confesó Arturo: “Sé bien que somos amigos, cuando estuvimos en nuestra primera estadía en la reconocida biblioteca, ahora requiero que estaremos siempre juntos en todo momento, independiente que tengamos gustos y pensamientos diferentes, por lo tanto, me alegro de ser su compañero y amigo”.

 

FIN

 

Escrito inicialmente a finales del mes de abril de 2001, cuando estudié en décimo de bachillerato en el Liceo Julio César García.

Publicado para el Sitio Bagatela el 31 de Diciembre de 2011.

Corregido el jueves, 22 de mayo de 2014.

Anuncios

¿Cuál es su comentario de este artículo?

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s