Aquellos “locos” de 1863 (desde Razón Pública)


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Aquellos “locos” de 1863

Puede decirse que en Colombia fue la facción conservadora quien salió victoriosa del prolongado enfrentamiento político que sacudió al país (y al continente) durante el siglo XIX, y que fue esta la que acabó por imprimirle su temperamento socio-cultural a la nación.

Por eso hoy entre la población es mucho más conocido el legado de un hombre como Rafael Núñez, uno de los arquitectos de la República conservadora y “poeta” autor de nuestro himno nacional, que, digamos, una figura como José Hilario López, quien se conmemora en la actualidad casi exclusivamente dentro de la comunidad afrodescendiente cada 21 de mayo por haber sido el presidente que decretó la abolición de la esclavitud en 1851.

Igualmente, la guerra de los Mil Días (1899-1902), sin duda una de las más sangrientas de nuestra historia y aquella que marcó el triunfo militar definitivo  del Partido Conservador sobre el Liberal, es usualmente traída a la memoria como la guerra civil definitiva para Colombia, mientras las muchas otras ocurridas a lo largo del siglo XIX suelen entremezclarse en el relato popular como una sola gran guerra entre los partidos.

No es casualidad que casi todo nuestro imaginario del siglo XIX se reduzca al momento en que el conservatismo “puso en orden la casa” con su proyecto de la Regeneración, después de décadas de “desorden”. Por eso, la Constitución conservadora de 1886 fue bien ponderada y celebrada durante sus 105 años de vida como génesis y evangelio de la República de Colombia, mientras que su predecesora, la Constitución liberal de 1863, rápidamente fue rodeada de un aire de desconfianza por su carácter “radical” y libérrimo.

Obviamente, cualquier análisis profundo mostraría que cada una tuvo sus luces y sus sombras, pero en lo que a conmemoraciones e imaginarios se refiere, es claro que las ideas y experimentos de los liberales de mediados del siglo XIX quedaron casi que definitivamente asociados con aquel tipo de locuras que se llevan a cabo en una juventud republicana bienintencionada pero desorientada.

También por eso es poco sorprendente que en este 2013 hayan sido escasos los esfuerzos oficiales para conmemorar el sesquicentenario de la Constitución de Rionegro, aparte de los eventos en el municipio antioqueño donde se expidió (y donde se celebró a los radicales liberales… ¡con un Te Deum!) y de la exposición realizada por la Universidad Externado de Colombia en Bogotá.

Sin embargo, la era del radicalismo liberal del XIX y la Constitución de 1863 merecen una recordación más completa, no solo por su irrepetida audacia en materia de reformas sociales, sino porque (y por eso extraña que los neoliberales de hoy no le tengan más cariño) su legado se siente con fuerza en la economía de principios del siglo XXI.

Para leer completo este artículo, pueden ir al enlace de Razón Pública: http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/7194-aquellos-%E2%80%9Clocos%E2%80%9D-de-1863.html

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