Los campesinos invisibles (desde Las 2 Orillas)


Desde Las 2 Orillas publican este artículo.

Los campesinos invisibles

Aquilino Yanquén pasó de vender papa de $100.000 a $12.000, no volvió a sembrar porque le salía más costoso. Así le ha pasado a miles de agricultores que esperan un cambio urgente

En otros tiempos sus abuelos y padres cosechaban diferentes productos al menos tres veces cada año; ahora él teme no poder volver a sembrar papa y que el cultivo corra con la misma suerte de la cebada, el trigo y el maíz, que desaparecieron con el ingreso de los mismo al mercado nacional, a menor precio.

El primero de mayo cuando habían transcurrido en Boyacá tres días del paro agrario, Aquilino, un campesino habitante del municipio de Soracá (a 20 minutos de Tunja) despertaba temprano en la vereda Quebrada Vieja, no para cuidar algún cultivo de su finca sino para recibir nuestra visita y luego trasladarse a Tunja donde marcharía junto a otros labriegos con motivo del día del trabajo.

Aquilino había recomendado que al ubicar en Soracá los carros blancos que funcionan como transporte rural, dijera que iba hacia su casa para poder llegar sin inconvenientes, pues es común que en poblaciones pequeñas la gente se conozca entre sí.

Durante el recorrido el conductor se detuvo y preguntó a un campesino que a pie cargaba en sus hombros un tronco de 4 metros de largo, sí lo acercaba; el señor accedió, se subió y continuamos montaña arriba; dijo que llevaba el tronco para construirle una cruz al señor de los milagros. Resultó que era el padre de Aquilino.

Eran las 9 de la mañana cuando llegamos. Aunque el clima allí suele ser frio, el cielo estaba despejado y permitía que el sol brillara sobre el campo. Aquilino fue el primero de un grupo de campesinos en acercarse y saludar cordialmente.

La casa en la que vive con María Noemí Neva su esposa, es la herencia de sus padres, quienes  adquirieron otra muy cerca con ganancias de la agricultura. Es sencilla, de un piso y la adorna a un costado el colorido jardín de flores cuidado por María.

De cuatro hijos del matrimonio, ninguno cultiva la tierra; lo intentaron pero comprobaron que no era rentable y abandonaron la finca; “de lo que invirtieron no pudieron sacar nada”, dice Aquilino, “no valía la pena insistir en que se quedaran porque no había mucho que pudieran hacer”. Sus hermanos también dejaron la vereda años atrás. Asimismo Aquilino y María son abuelos de 3 nietos que los alegran cuando van de visita, al menos cada 2 meses.

Tienen algunas gallinas y gallos, cuatro ovejas, a Ónix, Tony y Gaviota tres perros guardianes, y tres vacas criollas de las que proviene el sustento de su hogar por cuenta de 15 litros de leche que venden a diario a 700 pesos a un recolector, quien la revende en la ciudad a 1200.

Para leer completo este artículo, pueden ir al enlace de Las 2 Orillas: http://www.las2orillas.co/los-campesinos-invisibles/?utm_source=Las2Orillas&utm_campaign=3ae19aaaab-_11_06_14_Historias_para_leer_hoy_Las2Orillas&utm_medium=email&utm_term=0_c8e983cea9-3ae19aaaab-96001461

 

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