Buenaventura desmembrada (desde Las 2 Orillas)


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Buenaventura desmembrada

El puerto más importante del país también es el más peligroso del mundo. A la horrorosa estadística de dos muertos semanales, hay que sumarle que 26 de ellos han sido picados. Radiografía del crimen.

Los dos dedos aparecieron junto a la carretera principal que bordea el barrio Camilo Torres, en la Comuna 10 del puerto de Buenaventura. Eso, al menos, fue lo que la chica declaró a la policía. Dijo que los levantó del suelo, uno después del otro; los metió en una bolsa de plástico que guardó en su bolsillo, y luego pensó con misteriosa certidumbre: “Estos son los dedos de mi hermano”.

Luis Fernando Otero tenía 17 años y era lavador de carros. Por los días del hallazgo de su hermana, ya el rumor corría entre los más de 390 mil habitantes de Buenaventura, el puerto más importante del Pacífico colombiano: que Luis Fernando se había ido hacía varias semanas porque una banda lo andaba buscando. Que había vuelto quince días atrás, vaya uno a saber para qué. Que fumaba marihuana en la calle. Que andaba en vueltas raras. Que cobraba extorsiones a su nombre sin pedirle permiso al Clan Úsuga. Por eso, decían, por todo eso lo pelaron.

El joven lavador de carros llevaba varios días desaparecido cuando llegué a Buenaventura, como parte de un equipo de VICE NEWS, a principios de junio de 2014. Ya para entonces, el ejército y la policía, por orden del presidente Juan Manuel Santos, habían aumentado en un tercio su pie de fuerza y llevaban tres meses buscando frenar una espiral de violencia que, durante el último año y medio, había incrementado los homicidios en un 42 por ciento y convertido a la ciudad en la más peligrosa del país.

La violencia en Buenaventura tenía un agravante macabro: entre 2013 y 2014, según la Policía Distrital, 25 personas habían sido cuidadosamente desmembradas, y sus partes arrojadas, ora en calles, plazas y parques de la ciudad, ora en los esteros laberínticos que dan al Pacífico, a la vista de los pescadores y recolectoras de piangua. Durante un año, la guerra se había mantenido fuera del radar de la opinión pública nacional, pero ya para el momento de nuestra llegada, los desmembramientos sistemáticos denunciados desde febrero de 2013 por monseñor Héctor Espalza, obispo de Buenaventura, habían llegado por fin a las páginas y titulares de los medios nacionales.

La guerra había tocado fondo a comienzos de febrero. En parte, por cuenta de las constantes extorsiones de las bandas a los comerciantes del puerto. Con los pobladores llevados al límite, Espalza organizó en febrero una masiva marcha de protesta y el asunto se volvió de orden nacional. Entre los pobladores locales, el verbo picar comenzó a ser más frecuente que un saludo, y los medios comenzaron a hablar a diario, en plena campaña de reelección presidencial, de la existencia de casas de pique, viviendas específicas de la ciudad, en especial los barrios más pobres, donde, presuntamente, las víctimas eran asesinadas y desmembradas.

Para leer completo este artículo, pueden ir al enlace de Las 2 Orillas: http://www.las2orillas.co/buenaventura-desmembrada/?utm_source=Las2Orillas&utm_campaign=a94360cb2f-_14_11_14_Mailing_Las2Orillas&utm_medium=email&utm_term=0_c8e983cea9-a94360cb2f-96001461

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