“Basta papá, ¿No ves que me duelen tus caricias?” (desde Las 2 Orillas)


Desde Las 2 Orillas publican este artículo:

“Basta papá, ¿No ves que me duelen tus caricias?”

Estefanía Sierra, una joven a la que el destino le jugó su peor carta y quien siempre ha tratado de escudriñar la baraja, es producto de manos fuertes que engendraron una vida y que sin misericordia alguna destruyeron la misma.

“Él llegaba de trabajar y al ver que la casa estaba sola, me llamaba, me abrazaba, se desvestía frente a mí y al mismo tiempo me quitaba la ropa, sacaba su miembro e intentaba penetrarme”.

Entre llanto y dolor, Estefanía invoca sus más crudos recuerdos, los que hoy día prefiere tener tres metros bajos tierra y aún, por decisión propia, cargar la cruz a cuestas, su propio karma; pues nunca estuvo, ni manifiesta estar dispuesta a denunciar al hombre que le dio la vida y que del mismo modo se encargó de destruirla cuando esta era apenas una indefensa niña.

Han pasado 21 años a su lado, me abruma pensar que quizá el abuso no sea solo desde los 7 años, más o menos desde que tengo uso de razón, sino desde que era una bebé. El solo hecho de pensar que pueda ser así me aterra –aunque de mi niñez antes de los siete años solo conservo buenos recuerdos–.

Yo vivía en San Rafael Antioquia con mi madre, mi padre y mis hermanos, todo era súper bien; mi papá era muy cariñoso conmigo –no solo lo era conmigo; recuerdo que con mi hermano también– éramos una familia feliz. Él siempre nos consentía mucho. Cuando empezó la violencia en el 2000 – 2001 más o menos nos tuvimos que desplazar a Marinilla y acá fue donde comenzó mi karma, el mismo que se encargó de cambiar mi vida por completo.

Cuando llegamos al pueblo nos alojamos en una casa por el parque infantil del municipio, donde él abusó de mí hasta que cumplí trece años –en ese entonces yo solo tenía siete añitos–.

Entre una mirada de sin sabor y una voz cortada por los malos recuerdos, Estefanía evoca su niñez en Marinilla junto a su más temible pesadilla, su padre; el ogro que se encargó de sembrar desconfianza en ella; desprecio, miedo y aberración por el género masculino.

Yo no podía pasar por donde habían hombres, le tenía mucha rabia a los hombres, mi papá no solo abusó de mí una sola vez sino que lo hacía constantemente: yo pasé de ser una niña feliz a ser una niña tímida, callada, me daba pena pasar por donde hubiesen hombres, no socializaba con los niños, siempre lo hacía con mujeres.

En San Rafael mi papá trabajaba en una empresa de seguridad y mi mamá era ama de casa; mientras que, cuando llegamos a Marinilla, dada la situación que afrontábamos, ambos tuvieron que asumir las riendas del hogar y trabajar para conseguir nuestro sustento. Yo creo que también eso influyó mucho en lo que pasó: debido a que mientras mi mamá trabajaba en el negocio de comidas que desde siempre ha mantenido en la plaza de mercado de aquel municipio del oriente antioqueño, que está justamente a 45 minutos de Medellín; él nos llevaba a la casa y ahí era donde se aprovechaba de la situación.

Para leer completo este artículo, pueden ir al enlace de Las 2 Orillas: http://www.las2orillas.co/basta-papa-duelen-tus-caricias/?utm_source=Las2Orillas&utm_campaign=14cd220fd3-_25_11_14_Mailing_Las2Orillas&utm_medium=email&utm_term=0_c8e983cea9-14cd220fd3-96001461

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