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El abrazo de la serpiente: una pregunta por el futuro de la humanidad (desde Razón Pública)


Desde Razón Pública redactaron el siguiente artículo:

El abrazo de la serpiente: una pregunta por el futuro de la humanidad

En una reciente entrevista el director colombiano Ciro Guerra reaccionó ante la popularidad que ha suscitado su más reciente película El abrazo de la serpiente. Dijo que la cinta “tocó una fibra” en el público colombiano. La fascinación que la película ha producido en las audiencias urbanas, sugiere Guerra, apunta a un agotamiento del proyecto civilizatorio global.

En efecto, existe un desencanto ante un creciente mundo aplanado por el “rodillo de la modernización”. La resaca del progreso adopta muchas formas, todas palpables: el cambio climático, la táctica de “tierra arrasada” del monocultivo, el mentiroso blanqueamiento de nuestra historia. Como siempre, el arte nos permite extrañarnos del mundo para repensarlo y, así, empezar a cambiarlo.

El abrazo de la serpiente no es simplemente una denuncia de los estragos del proyecto civilizatorio en el Amazonas. Va más allá. Es una apuesta artística por cuestionar las formas en que Occidente ha producido y expandido su mundo, tanto en las metrópolis europeas como en los lugares de frontera colonial.

La película es una radical crítica a las pedagogías civilizatorias: formas violentas de aprendizaje que tratan de imponer la imitación como regla y la asimilación a Occidente como destino. En la película todas las formas de la imitación como disciplina producen horrores: las misiones capuchinas, la esclavización a la deuda producto del boom cauchero, las utopías sectarias de las religiones milenaristas.

Con su película, Ciro Guerra parte de un recurso típico para contar el Amazonas. Ficcionaliza dos diarios de viajes—el de Theodor Koch-Grunberg en 1909 y el de Richard Evan Schultes en 1941— que relatan las aventuras de hombres blancos fascinados y aterrados por la frontera y la otredad.

Este ha sido un recurso repetido incansablemente, para el caso amazónico, desde Gaspar de Carvajal hasta Werner Herzog, pasando por José Eustacio Rivera y Alberto Rangel; y en nada distinto a las narrativas imperiales que han contado el África.

Sin embargo una de las muchas novedades de El abrazo de la serpiente está en que la historia no se hilvana en torno a los exploradores blancos sino en torno a un payé Cuihane llamado Karamakate.

El viaje del explorador alemán en 1909 y el del explorador estadounidense en 1941 pasan por el ansia de expropiar a Karamakate de su conocimiento ancestral tanto en su juventud como en su vejez. Ambos están a la búsqueda de una planta llamada Yakruna. Koch-Grunberg la busca para curarse de una enfermedad que lo ha reducido a los huesos. Schultes está tras ella pues piensa que esa planta lo ayudará a soñar, algo que no ha podido hacer nunca.

Karamakate no pretende enseñarle a Schultes a soñar ni a Koch-Grunberg a vivir. El payé entiende que estas son experiencias intransferibles a las que ellos solo pueden acceder a partir de sus propias historias. Nadie puede soñar ni morir por nosotros.

Para leer completo este artículo, pueden ir al enlace de Razón Pública: http://www.razonpublica.com/index.php/econom%C3%ADa-y-sociedad/9154-el-abrazo-de-la-serpiente-una-pregunta-por-el-futuro-de-la-humanidad.html

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