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El fin del gobierno Santos: transiciones, incertidumbre e ingobernabilidad (desde Razón Pública)


Desde Razón Pública redactan el siguiente artículo:

El fin del gobierno Santos: transiciones, incertidumbre e ingobernabilidad

A poco más de un año de culminar su segundo período, el presidente Santos y su equipo atraviesan lo que podría considerarse como una larga secuencia de adversidades.

Algunas de estas adversidades se deben al agotamiento normal de cualquier gobernante después de casi ocho años en el poder, incluyendo el desgaste paulatino de la coalición de gobierno (que sin embargo, en el caso de Santos -y especialmente en los momentos críticos- ha sido consistente y leal, aunque bastante “en-mermelada”).

En un país poco acostumbrado a gobernantes de larga permanencia en el cargo, lo que le ocurre a Santos no difiere de la creciente pérdida de gobernabilidad que aquejó al hoy senador Uribe durante su último año. De hecho, el último año de gobierno es un período propicio para los escándalos y rupturas, y es usual que los altos cargos vayan quedando en cabeza de figuras de segundo orden porque los principales están dedicados a asegurar su futuro político.

Pero sí hay un rasgo claramente distinto en el caso de Santos: aun en esa última fase el hoy senador Uribe mantuvo altos índices de favorabilidad con los cuáles gobernó y ha podido hacer oposición. Por el contrario el presidente Santos debe lidiar con una favorabilidad cada vez más frágil y en caída libre.

Y si la comparación se hace entre Santos I y Santos II, es obvio el malestar de una sociedad que día a día se distancia del gobierno. Si en 2013 y 2014, con la economía a favor y cifras presentables, había críticas y rechazo al presidente,  hoy estas emociones se han intensificado. Y aquí han jugado al menos tres factores importantes:

  • Una incapacidad excepcional del presidente y su equipo para conectarse con la sociedad colombiana;
  • La imposibilidad crónica para comunicar creíblemente los logros del gobierno y la que podía considerarse una buena gestión, y
  • Una oposición de derecha capaz de cobrar sin cansancio las traiciones, los errores y los derroches del gobierno.

Sin cifras favorables en lo social y con una economía que afronta problemas severos, ni siquiera la paz es un argumento válido. Muy al contrario, la paz es un motivo de críticas y oposición.

La innegable disminución de la violencia no parece influir sobre una opinión pública fragmentada entre quienes apoyan las negociaciones a ultranza, quienes la critican de manera implacable, quienes no perciben en el día a día los dividendos de la paz, quienes siempre han tenido demandas desatendidas por el Estado (maestros, camioneros…) y los militares que no han recibido la libertad condicionada o que ven con recelo la posible intervención de la Corte Penal Internacional. Pero independientemente del perfil de los actores lo que los une es la distancia con la gestión gubernamental.

En este contexto cabe preguntarse si en realidad hubo un tránsito de un buen gobierno a un mal gobierno, incapaz, lleno de promesas inconclusas y con un deterioro creciente.  Este  último año del gobierno de Santos podría compararse con las experiencias de dos gobiernos que en solo cuatro años hicieron suficiente para obtener un descrédito generalizado: el de Ernesto Samper y el de Andrés Pastrana.

Más allá de personalidades, equipos y circunstancias, es importante considerar algunos elementos contextuales. El desempeño de la economía y el leve retroceso en conquistas sociales ofrecen un panorama adverso, pero los escándalos de corrupción, los avatares de la paz y la fragmentación de fuerzas políticas y sociales completan un horizonte muy poco alentador. Para muchos analistas la razón de esta crisis está en la pérdida de legitimidad de las instituciones y, en últimas, en la demostración de la endeble calidad de nuestro arreglo democrático.

Sin que el panorama sea necesariamente alentador, vale la pena intentar otra explicación. Lo que vive Colombia hoy en términos políticos e institucionales es el resultado de una superposición de transiciones que arrancó con la reelección que el presidente Uribe hizo aprobar con ayuda del cohecho. Desde entonces, hace ya 13 años, y sin que la reforma que elimina la reelección se haya hecho sentir aún, las reglas de juego siguen siendo  inciertas.

Para leer completo este artículo, pueden ir al enlace de Razón Pública: http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/10389-el-fin-del-gobierno-santos-transiciones,-incertidumbre-e-ingobernabilidad.html

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