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‘En Colombia la evasión es mucho más grande que la corrupción’ (desde El Tiempo)


Desde El Tiempo de Colombia publican el siguiente artículo:

‘En Colombia la evasión es mucho más grande que la corrupción’

Un día, antes de entrar a clase, uno de los estudiantes de Camilo Herrera le dijo que si algo le gustaba de su materia era “entender la economía colombiana a la Herrera”.

Camilo es economista, filósofo y experto en consumo y cambios culturales. Fundó el Observatorio de Moda Raddar-Inexmoda y es miembro de la Asociación Internacional de Economistas Culturales y del World Values Survey Network. Su mayor especialidad, sin embargo, es “echar el cuento de la economía en el mismo ‘idioma’ de la gente corriente”. El “cuento” –como él mismo lo llama– lo ha “echado” en las aulas del Cesa, del Politécnico de Valencia, de las universidades de Georgia, Nueva York y Michigan, y en casi dos docenas de libros. El último, publicado por Ediciones Paidós, del Grupo Planeta, es, en sus palabras, una “guía no oficial para entender la economía colombiana hoy”.

En este aborda temas que nos afectan a todos, pero que muy pocos logran entender, tales como el fenómeno de la informalidad, el sistema tributario y la configuración cultural de la evasión de impuestos. Se titula Pobreza y prejuicio: los fantasmas de la economía colombiana y por qué no estamos tan mal como creemos. Tal como lo afirmó el escritor Ricardo Silva Romero después de leerlo, este libro “es una comprobación de que no hemos vivido ni vivimos en el Apocalipsis” y “un llamado a que los colombianos nos sacudamos la resignación y el derrotismo”. EL TIEMPO habló con Herrera.

¿Por qué afirma que la pobreza es el prejuicio y la excusa de los colombianos?

La expresión “somos pobres” ha calado hondo en la cultura y opera como una tara que nos impide reconocer que el país ha avanzado en muchos sentidos. La pobreza es una estructura mental que tiene nefastas consecuencias prácticas. Pensarnos constantemente como pobres se ha convertido en la excusa perfecta para justificar la economía informal y la evasión de impuestos. Hay suficientes evidencias para demostrar que Colombia ha mejorado y que hoy no es el ‘moridero’ que muchos se empeñan en afirmar que es. Pero, tal y como ocurre con cualquier otro prejuicio, desnaturalizar la idea según la cual estamos condenados a la pobreza no es tarea fácil.

¿A qué evidencias se refiere?

Aunque el imaginario colectivo lo niegue, desde 1980 el ingreso de los colombianos ha crecido considerablemente y nuestras condiciones de vida han mejorado mucho. Hoy tenemos mayor cobertura en salud y educación, y podemos comprar más cosas que en el pasado. Lo demuestro en el libro: entre el 2000 y el 2016, el ingreso per capita de los colombianos creció –según el Dane– un 242 por ciento en pesos corrientes y 57 por ciento en términos reales. Esto significa que el ingreso de la gente casi se triplicó y su capacidad de comprar productos creció más del 50 por ciento. 

¿Y qué sucedió con el salario mínimo?

En el mismo periodo de tiempo, el salario mínimo creció casi 183 por ciento y en términos de capacidad de compra 32 por ciento. Esto demuestra que el ingreso de la gente creció más que el salario mínimo y que, por tanto, cada vez más colombianos tienen mejores ingresos que el mínimo que se define anualmente. 

Pero estos logros no fueron posibles de la noche a la mañana…

No. Para entenderlos la mirada cortoplacista a la que estamos habituados es insuficiente. En 1990 cerramos el año con una inflación de 32 por ciento; en el 2016, con una de casi 6 por ciento. Y ese, al igual que la reducción de la pobreza, es uno de los cambios más dramáticos de los últimos 26 años. Hoy, tres de cada diez colombianos son pobres, cuando en 1990, 6 de cada 10 vivían bajo la línea de pobreza. Un dato que resulta bastante ilustrativo: en 1997, solo 2 de cada 10 hogares tenían una lavadora de ropa. Veinte años después, la tienen 6 de cada 10. Por otro lado, si se observa el proceder de las economías latinoamericanas desde 1980 hasta la actualidad, la que más ha crecido, después de la chilena, es la colombiana.

Usted dice que el comportamiento de la economía en Colombia se ve marcado, en buena parte, por la informalidad…

La informalidad es el motor de la mitad de la economía del país. Suena incómodo, pero hay que decirlo en voz alta: el país ha recibido choques económicos fuertes (como la caída del petróleo), pero la economía nunca ha parado de crecer porque la informalidad, que es a la vez el ‘milagro’ y el ‘pecado’ de Colombia, no deja de moverse. Los colombianos juegan en el marco de las reglas y por fuera de ellas simultáneamente. Aquí prima la libertad de empresa y de trabajo, es verdad, pero a menudo esto se sobrepone a muchas normas que deberían respetarse, como, por ejemplo, las tributarias. Y todos, de alguna manera, terminamos siendo cómplices de la informalidad.

Para leer completa esta entrevista, pueden ir al enlace de El Tiempo: http://www.eltiempo.com/economia/sectores/la-evasion-es-mucho-mas-grande-que-la-corrupcion-en-colombia-109486

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