Gabriel García Márquez: el soñador de Aracataca (desde El Tiempo)


Desde El Tiempo de Colombia publican el siguiente artículo:

Gabriel García Márquez: el soñador de Aracataca

Luisa, con veintiún años cumplidos, regresó a su Aracataca natal en una mañana de febrero, sin su esposo, tras casi dieciocho meses de ausencia. Estaba embarazada de ocho meses y llegaba mareada del barco, tras otra travesía turbulenta de Riohacha a Santa Marta. Unas semanas después, el domingo 6 de marzo de 1927, a las nueve de la mañana, en medio de una tormenta poco habitual para esa época del año, dio a luz a un niño, Gabriel José García Márquez.

Luisa me contó que su padre había salido temprano a misa cuando las cosas ‘se ponían mal’, pero cuando volvió a casa todo había acabado. El niño nació con una vuelta de cordón alrededor del cuello -luego él mismo atribuiría su tendencia a la claustrofobia a aquel contratiempo temprano- y pesó, según se dijo, cuatro kilos doscientos gramos. Su tía abuela, Francisca Cimodosea Mejía, propuso que lo frotaran con ron y le echaran agua bendita, por si había algún otro percance.

Así rememora el biógrafo inglés Gerarld Martin, en ‘Una vida’, la llegada al mundo del autor de ‘Cien años de soledad’ y Premio Nobel de Literatura de 1982, quien falleció hoy, a los 87 años, en su residencia de México. Su deceso obedeció a quebrantos de salud propios de su edad. A juzgar por la descollante vida que tuvo ‘Gabito’ -como lo llamaban sus amigos y familiares más cercanos-, el extraño menjurje de ron y agua bendita de la tía Francisca produjo en su querido sobrino el efecto contrario: le impuso sobre su destino la estrella luminosa del éxito. Los años de infancia en la casa de sus abuelos -Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán- fueron determinantes en la vida del pequeño García Márquez, antes de ingresar al Colegio de San José, en Barranquilla, en 1936.

En 1940, gracias a una beca, el joven Gabriel se trasladó a Zipaquirá, donde recibió el título de bachiller en el Colegio Nacional, y, además, fue escogido para pronunciar el discurso de grado. Desde entonces, ya mostraba su alergia a este tipo de distinciones: “¿Qué hago yo encaramado en esta percha de honor, yo que siempre he considerado los discursos como el más terrorífico de los compromisos humanos?”, puntualizó el escritor.

Para leer completo este artículo, pueden ir al enlace de El Tiempo: https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/gabriel-garcia-marquez-el-colombiano-mas-importante-de-todos-los-tiempos-350758

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