20 DE JULIO DE 1810, FUIMOS AUTÓNOMOS, NO INDEPENDIENTES, por César Luque


Por vía Whatsapp nos enviaron la siguiente reseña histórica para conocimiento de todos:

20 DE JULIO DE 1810, FUIMOS AUTÓNOMOS, NO INDEPENDIENTES

El viernes 20 de julio, día de mercado en Santafé en la Plaza Mayor (desde 1848 Plaza de Bolívar), se dieron los hechos, que conmemoramos como el día de la Independencia, pero que realmente fueron los hechos que nos llevaron a tener Autonomía, pero no independencia, ya que seguimos ligados a España. Ese día las vivanderas, chicheras y todos los que vendían productos en la ciudad, provenientes de poblaciones cercanas como Usme, Fontibón, Usaquén, Engativá, Bosa, se reunieron en la Plaza, sin saber que serían protagonistas de un hecho tan transcendental en nuestra historia.

Entonces gobernaba el virrey Antonio Amar y Borbón, siendo la virreina María Francisca Villanova. El virrey sufría quebrantos de salud, incluyendo una sordera, que eran usados por su esposa para imponerse a través de quienes le eran cercanos, y usar el poder en su favor, lo que era mal visto por la gente del común, ya que los impuestos eran usados más que para administrar para el beneficio de aquellos allegados a la casa virreinal.

Los conspiradores, que pretendían llegar al gobierno, aprovecharon que venía en camino de Santafé, el comisionado Antonio Villavicencio, oriundo de Quito, a quien le organizaron una comida de recibimiento donde don Pantaleón Santamaría. Para prender el detonante fueron encargados Luis Rubio, Francisco Morales y sus hijos Antonio y Francisco, quienes viendo que no existían todos los elementos para hacer la celebración, fueron a la tienda del español, adverso a los americanos, a pedir prestado un florero. Los americanos encontraron al español departiendo con otros españoles. Los Morales aprovecharon que José González Llorente se negó a hacerles el favor, adujeron entonces que el español les dijo: “me cago en Villavicencio y en todos los americanos”, por lo que Antonio se le abalanzó sobre el mostrador, dándole una soberana paliza, mientras Francisco salió a la Plaza gritando arengas contra los españoles, recibiendo gran respaldo.

Quienes buscaban llegar al poder, es decir, los criollos, llamados “señoritos”, vieron como la conspiración funcionaba. Entre las 11 y las 12 del día se dieron airadas protestas, que disminuyeron en la tarde, al punto que después de las seis parecía que la revuelta se extinguía, ya que la mayoría de los revoltosos habían empezado a irse a sus casas fuera de la ciudad. Así los criollos veían con preocupación la situación, por lo que muchos se refugiaron en sus casas, quedando al frente, de manera valiente, quien luego se denominaría el “Tribuno del pueblo”, José Acevedo y Gómez, quien desesperado pronunció las palabras que pasarían a la historia: “Si perdéis este momento de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes: ved (señalando las cárceles) los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan”.

A eso de las 6:30 p.m., con la Plaza casi desocupada, y el único criollo al frente, Acevedo y Gómez, los presentes empiezan a oír un murmullo, que se fue volviendo ensordecedor. Eran miles de hombres, mujeres y niños humildes, provenientes de los barrios San Victorino, Egipto, Belén y las Cruces, convocados por el condiscípulo de Antonio Nariño (preso en Cartagena), José María Carbonell, que había ido casa por casa, pidiendo a la gente que saliera, que no dejaran perder ese momento para independizarnos de España. Así a último minuto el llamado “Chispero” salvó la revuelta, lo que ha sido desconocido de manera sistemática por muchos historiadores, intentando eliminar su figura en tan importante fecha, por haber sido un humilde, que no era criollo, que siempre estuvo al lado de Nariño, que no había podido estudiar en los colegios, por carecer su familia de recursos económicos para financiar su educación.

Unas 8.000 personas llegaron a la Plaza, de 22.000 habitantes. La chusma, como llamaban despectivamente a la gente pobre, se tomaron la plaza, asegurando el éxito de la revuelta, mientras los criollos veían en sus casas el desarrollo de los hechos, para salir únicamente cuando estaba asegurado el triunfo. El “notablato” (nobleza criolla) pronto se valió del nuevo rumbo de las protestas, capitalizándolas a su favor, para tomarse el poder, el que muy pronto empezarían a usar contra el pueblo que los había llevado allí, forma que han mantenido hasta hoy, muchas veces sin que el pueblo lo vea, aunque esta frente a sus ojos. Muchos de los que estaban escondidos salieron a ocupar los más importantes cargos del nuevo gobierno, poder que de todas maneras, por lo menos inicialmente siguieron compartiendo con las autoridades españolas, empezando por el virrey. De esa forma lograban su cometido, alcanzar la burocracia.

La noche del 20 de julio se convocó un Cabildo Extraordinario, donde las clases populares no tendrían mayor representación, ya que ellas pedían era fuera convocado un Cabildo Abierto para poder participar en la construcción del poder local. Entonces fue leída el acta de Independencia, redactada por José Acevedo y Gómez, instalándose entonces la Junta Suprema de Gobierno, autorizada por el virrey a través del oidor Juan Jurado, la que integró Acevedo de manera inconsulta. Así el virrey pasó a presidir a los 25 vocales que integrarían esa Junta, siendo su vicepresidente el hasta entonces alcalde de Santafé, José Miguel Pey y Andrade, hijo del famoso oidor Juan Francisco Pey y Ruiz, el que había ordenado desconocer las Capitulaciones firmadas en Zipaquirá con Los Comuneros, ordenado detener a José Antonio Galán.

Al día siguiente a las 8.00 a.m., la Junta se instaló, siendo recibidos entonces por el virrey, quien juró cumplir sus mandatos, bajo la autoridad del rey y el Consejo de Regencia, quedando sellada la unión criollos (nobleza criolla) – autoridades españolas, sin presencia alguna del pueblo, pueblo que no estaba dispuesta a dejarse sacar del nuevo escenario político, ya que cuando se adelantaba la celebración por la posesión de la Junta, nuevamente la plebe lleno la plaza, liderada por Carbonell. Al medio día era un hervidero humano, que pedía prisión para el virrey y los oidores de la Real Audiencia, como la liberación de los presos, pedidos que no fueron respondidos por la Junta, por lo que la gente pasó del dicho al hecho. Las casas de los oidores y el Convento de los Capuchinos fueron atacadas por la turba, liberando al canónigo Andrés Rosillo, preso por conspirar a favor de la con Antonio Nariño.

La Junta intentando calmar los ánimos puso presos a algunos oidores, pero se negó a hacer lo mismo con el virrey. Consciente Carbonell de lo que pasaba, convocó a los manifestantes para que el 22 de julio se reunieran en la plaza de San Victorino, donde fue creada una Junta Popular, paralela a la de Gobierno. Esa Junta fue calificada por los estudiosos del tema, como un Club Revolucionario, al estilo de los organizados en la Revolución Francesa (1789). Esa tarde sesionó la Junta Popular, concluyendo que la única forma de alcanzar la independencia, era poner al virrey preso, desconociendo el monarca Fernando VII. El historiador Indalecio Liévano sostuvo que la intervención de Carbonell en la Junta Popular giró en torno a los “derechos de los oprimidos” y la “soberanía popular”.

El 23 de julio la oligarquía santafereña rindió homenaje al rey Fernando VII, poniendo un inmenso retrato del monarca en el balcón de las Casas Consistoriales, para que por el frente desfilaran las tropas encabezadas por Amar y Borbón, Pey, Camilo Torres y los demás vocales de la Junta, la que había ordenado cesar las protestas, y canalizar cualquier inconformidad a través del párroco del barrio, todo para acallar al pueblo. Igualmente la Junta ordenó crear cuatro Escuadrones de Caballería comandados por Pantaleón Gutiérrez.

La gente humilde viendo que nada cambiaba, aunque cambiaran los gobernantes, nuevamente el 25 de julio salieron a protestar a la calle, pidiendo prisión para el virrey y la virreina, debiendo la Junta que acceder a su pedido, para evitar disturbios, llevando a los gobernantes al Tribunal de Cuentas, eso sí, con su beneplácito. De esa forma contuvieron a la turba enfurecida. La Junta entonces decidió desconocer al Consejo de Regencia, aunque seguía obedeciendo al rey, mientras la Junta Popular dirigida por Carbonell organizaba a los habitantes de la ciudad, barrio por barrio, todo lo que desembocó en el 6 de agosto cuando la Junta de Gobierno celebró un año más de la Conquista, celebración que era una verdadera afrenta contra los más débiles, una especie de insulto.

El 13 de agosto nuevamente la Plaza fue ocupada por la gente humilde, pidiendo prisión para los virreyes en cárceles comunes, atacando a piedra los edificios oficiales. A eso de las tres de la tarde, la Junta se vio obligada a ordenar el traslado de los virreyes, al virrey a la cárcel común y la virreina a la cárcel del Divorcio, donde eran recluidas las mujeres de la “plebe” y de la “vida alegre”. En el camino a sus cárceles fueron injuriados, incluso la virreina atacada físicamente.

Cuando el pueblo se dedicó a celebrar, dio tiempo para que los gobernantes se reunieran a conspirar en su contra, para defender sus intereses mezquinos, ya que gobernantes y gobernados, nunca han tenido los mismos intereses, como no los tienen hoy tampoco. El 14 de agosto la nobleza criolla salió a la plaza a pedir que los virreyes fueran liberados, manifestación pequeña que fue protegida por las tropas gubernamentales. Entonces el virrey fue liberado por orden de Miguel Pey y Camilo Torres, dándoles disculpas por las afrentas. Francisca Prieto Ricaurte esposa de Torres y Mariana Mendoza recibieron con flores a la virreina a la salida de la cárcel, siendo llevada con su esposo a Palacio, donde los nuevos gobernantes les pidieron que se quedaran. La respuesta del virrey fue negativa, no por él, sino porque el Consejo de Regencia lo había relevado del cargo, habiendo nombrado en su reemplazo a Francisco Javier Vanegas, quien por los hechos que sobrevendrían nunca pudo llegar a ocupar su cargo.

Esa noche se dieron algunos disturbios en los barrios de San Victorino y las Cruces, corriendo la voz que Carbonell había citado a la muchedumbre para que el 16 hicieran una gran manifestación contra las nuevas autoridades, buscando que nuevamente llevaran a los virreyes a prisión. Conocedora de lo que estaba pasando, la Junta decidió dejar salir a los virreyes de la ciudad, eso sí, no sin antes pagarle una importante suma de dinero. Al día siguiente los virreyes salieron de la ciudad, zarpando el 15 de octubre de Cartagena rumbo a España.

Sin la incómoda presencia de los virreyes, el 16 el local donde funcionaba el Club Revolucionario en San Victorino fue ocupado por la caballería, siendo apresados José María Carbonell, Manuel García y Joaquín Eduardo Pontón, convirtiéndose en los primeros presos políticos de Colombia. Su detención fue ordenada como una forma de evitar nuevas protestas en contra de los nuevos gobernantes. Fue rápido que los criollos en el gobierno olvidaron quienes los habían puesto en esos cargos. Así los revolucionarios pronto pasaron a ser subversivos.

Pero la represión no se circunscribió a las detenciones de Carbonell y sus compañeros, sino que el 17 de septiembre la Junta expidió un bando por medio del cual se prohibía cualquier reunión tumultuaria, so pena de ser considerada una actividad de lesa majestad. De esa forma se proscribía la protesta. El 24 de septiembre la Junta expidió un decreto por medio del cual eliminaba los Resguardos (tierras de los indios, cuya propiedad era comunitaria), para lanzar a los indios al mundo de la propiedad privada, donde cada uno debía granjearse el sustento de su parcela o venderla, eso sí pagando impuestos, sin derecho al voto.

En su política de excluir al pueblo de cualquier oportunidad de participar en la toma de decisiones, el 24 de diciembre la Junta a través de otro decreto restringió el derecho a votar, diciendo: “Reunido el pueblo el día señalado, se le advertirá la grandeza del objeto para que se ha juntado, y la necesidad de que los votos recaigan en personas idóneas, de luces y de patriotismo…”.

Así se dio el día que hoy llamamos de la Independencia, por el cual, el pueblo echo a los malos gobernantes del poder, para que los criollos lo ocuparan, quienes para asegurar su permanencia en el, pronto lo usaron contra quienes los habían llevado a dirigir los destinos de la ciudad. Desde entonces, la nota preponderante ha sido la traición de sus gobernantes, aun ante la mirada complaciente de mucha gente buena, que creyendo, parece tener como destino, estar encadenado.

César A. Luque F.
cesarluque@yahoo.com
@CesarALuqueF

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Colombia, Comunidades, Controversia, Cultura Colombiana, Debates, Grupos, Noticias y artículos

¿Cuál es su comentario de este artículo?

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.