ESMAD: ¿qué funciona y qué debe cambiar? (desde Razón Pública)


Desde Razón Pública redactan el siguiente artículo:

ESMAD: ¿qué funciona y qué debe cambiar?

Las fuerzas antidisturbios de las policías son esenciales para el mantenimiento del orden en todo el mundo. Por eso es sorprendente que en Colombia el desmantelamiento del ESMAD sea una de las principales exigencias de algunos manifestantes.

Pero, aunque esa petición sea inviable, es importante evaluar la actuación de la fuerza antidisturbios pues -aunque está bien capacitada- es evidente que tiene problemas en su estrategia y fallas en su operación.

Los protocolos recientes que han establecido algunos alcaldes –como Claudia López– pretenden disminuir los episodios violentos que suelen presentarse durante las movilizaciones ciudadanas.

Pero estos protocolos parten de un desconocimiento profundo sobre la gestión de multitudes y de las fuerzas antimotines, pues suponen erróneamente que el ESMAD siempre comete excesos y que su sola presencia incita la violencia por parte de los manifestantes.

El principio fundamental de la gestión de manifestaciones consiste en que la policía debe repeler las multitudes, pero no atacar al individuo. Así pues, debe evitar el contacto directo y dirigir a los manifestantes hacia lugares menos vulnerables. Para ello debe utilizar medios de fuerza que agreden la sensibilidad de los individuos (como gases lacrimógenos, cañones de agua o armas acústicas), pero no les causa daño físico directo ni irreversible.

Las fuerzas antidisturbios de las policías son esenciales para el mantenimiento del orden en todo el mundo.

El uso de perdigones, balas de caucho o flashballs va en contra de esta doctrina esencial del mantenimiento del orden público. Todas ellas son armas no letales que fueron pensadas para la legítima defensa de un policía en peligro inminente, pero que, desafortunadamente, se usan con frecuencia para controlar las multitudes de forma improvisada.

Es legítimo utilizar una pistola eléctrica para inmovilizar a un individuo que ataca a un policía, pero es ilegitimo usarla para la gestión de manifestaciones -así alguna vez Francisco Santos propusiera hacerlo-. La escopeta calibre 12 utilizada por el ESMAD hace parte de las llamadas “armas intermedias” ideadas para controlar la violencia urbana como legítima defensa, pero nunca para el control de manifestaciones como lo atestiguan los miles de personas heridas o mutiladas desde los años 1990. Muchas de estas armas causan daño y pueden matar. Su poca precisión a más de diez metros las hace imprevisibles, incluso si se utilizan de forma apropiada.

Vale la pena mencionar que las “armas intermedias” han sido prohibidas en la mayoría de los países europeos y actualmente se usan en contextos de mano dura con poco control político. En efecto, el uso de este tipo de armas debería ser una decisión del gobierno y no una potestad exclusiva de la policía -como alegaron autoridades locales colombianas cuando la Procuraduría ordenó prohibirlas-.

Para leer completo este artículo, pueden ir al enlace de Razón Pública: https://razonpublica.com/esmad-funciona-cambiar/

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