Editorial Bagatela: Historia repetitiva de los planes territoriales en Bogotá


NOTA DEL ADMINISTRADOR: El siguiente editorial escrito es un ensayo que fue publicado para el Seminario Virtual del Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá, realizado por el convenio de la Universidad Nacional de Colombia y el Consejo Territorial de Planeación Territorial.

HISTORIA REPETITIVA DE LOS PLANES TERRITORIALES

Por: Juan Carlos Quenguan Acosta, Sitio Bagatela – Consejo de Planeación Local de La Candelaria.

Desde el momento de la conformación de lo que antes se llamaba ciudad de Santafé en época de la colonia española desde el siglo XVI hasta comienzos del siglo XIX, el modelo de ciudad española, realizada por los conquistadores y primeros pobladores, en forma de cuadrículas para definir sus predios y solares, cuyo centro era la entonces Plaza Mayor, y los límites de los entonces muros y extramuros sobrepasaban de los ríos San Francisco – Vicachá y San Agustín – Rumichaca, principales afluentes donde sacaban agua y depositaban residuos.

Al crecer la población con los primeros mestizos residentes en los extramuros, quienes aprendieron de los oficios varios en construcción de casas, templos y conventos, la entonces Santafé tenía su primer ordenamiento territorial en forma de parroquias, con tal de establecer la religión católica como el epicentro de la educación y la formación de la sociedad colonial, ateniendo ante las tomas de decisiones de las autoridades civiles y eclesiásticas provenientes de España. Las primeras creadas eran: Catedral, Las Nieves, Santa Bárbara y San Victorino, respectivamente.

Ante los primeros problemas de salubridad pública, las autoridades civiles decidieron crear acueductos como el Acueducto de Laureles, o también conocido como Aguavieja, y luego el Acueducto de Aguanueva, pudieron servir para recolectar de las fuentes hídricas de las quebradas de los cerros orientales y dirigirlas hacia las pilas, chorros y cajitas de agua, construidas en cada esquina de las cuadras. Las calles y caminos reales eran de piedra para servir como caminos de herraduras.

El uso del suelo, tanto para la creación de las primeras haciendas para actividades agrícolas, como para la actividad de la extracción minera, realizaban la primera deformación a la estructura ambiental de los ecosistemas de flora y fauna de la Sabana de Bogotá y los cerros tutelares.

Desde el surgimiento de la Independencia hasta la Guerra de los Mil Días, la forma inicial como ciudad colonial no había cambiado, a pesar del cambio de nombre de Santafé a Bogotá, solo al paso de algunas décadas, algunas casas tuvieron que ser modificadas o tumbadas para la construcción y adecuación de edificaciones al estilo republicano francés o republicano inglés.

A raíz de la creación de industrias y de las rutas de campesinos del altiplano cundiboyacense a Bogotá, que pasó de los 20000 habitantes en el año 1810 a 100000 habitantes a comienzos del siglo XX, incrementando la construcción de casas rudimentarias de un solo piso, con una puerta, un cuarto, y en algunas con una ventana, para servir como hogar para una familia de 5 o hasta 10 integrantes, conformando así los denominados barrios obreros, como el conformado sobre el Paseo Bolívar, anteriormente Paseo de Aguanueva, lugar que era de esparcimiento para las familias bogotanas tradicionales, pero con la conformación del barrio obrero, decidieron ir a establecerse en las denominadas casas quintas, en el camino de norte.

La creación de barrios legales como Egipto, Las Cruces, Las Aguas, Chapinero y Belén, entre otros, incentivó a las autoridades municipales en modernizar la ciudad con el transporte de tranvías, la instalación de los servicios de agua potable en tanques y en tubos de hierro, luz eléctrica, telégrafo y teléfono con cables de cobre; a la vez, analizaban la compleja situación de salud pública en los barrios obreros.

Durante todo ese tiempo, la participación ciudadana era limitada en votar por los candidatos establecidos por los partidos tradicionales liberal y conservador, con posiciones radicales, de carácter caudillista y autoritaria para tomar decisiones unilaterales en el desarrollo nacional, regional y municipal, respaldada por las actividades económicas de comerciantes, empresarios y banqueros, con tal de que los estudiosos en leyes y en tácticas militares con mayor adquisición económica tuvieran mayores condiciones de vida, por encima de todos los demás. Solo el movimiento de la Sociedad de Democrática de Artesanos a mediados del silo XIX podía representar a los bogotanos de bajos recursos, pero fue opacada por las ambiciones y jugadas de las personas que estaban en el poder.

Una de las tomas de decisiones de los funcionarios de antes era el tema del ordenamiento territorial, que incentivó en crear primero el denominado Plan Bogotá Futuro en la década de 1920, con la modernización de alamedas y construcción de edificios en predios de casas vulnerables de fuertes sismos. Pero los conceptos de desarrollo y progreso prevalecían más en los gobiernos liberales de la década de 1930 y 1940, por ello, invitaron a personajes de renovación urbana de Europa como Karl Brunner y Le Corbusier, para realizar su visión de lo que sería una Bogotá más contemporánea, al estilo de las ciudades europeas, desconociendo por completo la verdadera situación social de los habitantes con escasos recursos económicos.

Una de las primeras acciones de renovación era la destrucción del convento y del templo de Santo Domingo, una joya arquitectónica y cultural de la colonia, para construir en su lugar el Edificio Murillo Toro. Después del desafortunado suceso del Bogotazo de 1948 que destruyó a principales casas coloniales y republicanas del barrio Catedral, mal llamado también como Barrio La Candelaria las destrucciones al templo de la Iglesia de Santa Inés, las plazas de mercado de arquitectura republicana de La Concepción y de Las Nieves, las primeras edificaciones residenciales de la entonces Ciudad Restrepo y los pabellones construidos en el año de 1910 del Parque Centenario y el antiguo batallón militar al frente de la Recolecta de San Diego, dieron cabida a la construcción de la Avenida Carrera Décima en las décadas de 1950 y 1960; todo ello con los dineros pagados de los impuestos de valoración de los futuros propietarios y comerciantes de la avenida construida, ese mismo método se pudo hacer para la construcción de las siguientes avenidas al norte, occidente y sur de Bogotá.

En la década de 1950, establecieron por ley la creación del Distrito Capital, anexando los municipios de Usme, Bosa, Fontibón, Engativá, Suba y Usaquén a Bogotá, convirtiéndolos como localidades, perdiendo su autonomía y su identidad municipal.

La creación de barrios legales y la invasión de barrios ilegales en las goteras de la ciudad y de inquilinatos en los barrios del centro histórico de Bogotá fueron las consecuencias del crecimiento vertiginoso de la población de Bogotá, desbordando no solo de un millón, sino de dos millones y de tres millones de habitantes entre las décadas de 1960 y 1980.

Los parques como el Lago Gaitán, humedales y reservas naturales fueron invadidas por las construcciones de edificios para instituciones educativas, comerciales e industriales, mientras La Candelaria comenzó en ser reconocida como Patrimonio Nacional en la década de 1960.

Tras la creación de las Juntas de Acción Comunales en ese tiempo, tuvieron que lidiar su primer reto: buscar su reconocimiento, y para los barrios sur orientales, impedir el proyecto de la Avenida de los Cerros era su principal objetivo en la década de 1970, conformando los Comités Pro Defensa, estrategia que logró obtener parcialmente, porque en la década de 1980, con objetivos políticos del entonces alcalde mayor Hisnardo Ardila, la construcción de la Avenida Circunvalar por el Instituto de Desarrollo Urbano y la construcción de la Urbanización Nueva Santa Fe del entonces Banco Central Hipotecario y con diseños arquitectónicos de Rogelio Salmona, destruyeron casas residenciales tradicionales de los barrios Egipto y Santa Bárbara, respectivamente, conllevando el desplazamiento de miles de residentes a los barrios al occidente y al sur.

Hoy día, cuando se establecen los Planes de Ordenamiento Territoriales desde hace más de 20 años, los gobiernos distritales de turno los formulan bajo sus puntos de vista políticos y económicos, sin tener presente las justificaciones ambientales, animalistas, sociales, históricas, comunales y étnicas de todos los sectores de la sociedad bogotana, teniendo claridad que la historia se volverá a repetir, si no reconocieran y respetaran a la comunidad bogotana en general, que quiere implementar la democracia participativa en forma de Participación Ciudadana, consagradas por la Constitución Política de Colombia de 1991.

Además de este editorial, sugerimos leer el editorial: VERDADES Y MENTIRAS SOBRE EL CENTRO HISTÓRICO DE BOGOTÁ: https://blogbagatela.wordpress.com/2019/04/25/verdades-y-mentiras-sobre-el-centro-historico-de-bogota/

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