Cuento: Festival al atardecer


Festival al atardecer

Por: Juan Carlos Quenguan Acosta

 

En la plazoleta de evento del gran parque metropolitano se efectuó uno de las grandes festividades de la música rock al aire libre de la gran metrópoli.

De los asistentes que disfrutaban y danzaban a punta de empujones y sacudidas de cabellos rizados oscuros estaba una chica mestiza que tenía dos ilusiones en particular: la primera, conformar su propia banda de rock de tendencia oriental japonesa; la segunda, participar en los grandes eventos que tengan que ver con la música rock. Su nombre era Mariana, amante del rock alternativo y aficionada de los pasatiempos al anime y manga hechos en Japón.

 

Algunas semanas después, la joven de 17 años de edad, estudiante primípara de publicidad en una de las universidades del Centro Histórico y con aspecto de aquellas señoritas que portaban pantalones jean de azul oscuro, chaquetas grisáceas y botas negras de tacones; contemplaba los carteles de la sección del bienestar universitario, donde el personal publicaba diferentes talleres, seminarios, clubes de lecturas, ciencias y eventos alternativos.

Llamó la atención a Mariana un aviso de convocatoria, diagramado de colores vivos y tonos pasteles, dirigida hacia aquellas bandas de rock universitarias, donde las seleccionadas participarán en un festival alternativo de rock que se efectuará en el auditorio del alma mater.

Tras enterar del aviso colorido, la expresión de los ojos cafés claros de Mariana brillaban de ilusión, buscó de su maleta gris, pegada de diferentes botones y pequeñas láminas de sus bandas y animes favoritos, su cuaderno arrugado y su bolígrafo gastado, pero tras recordar que tenía su dispositivo móvil que lo llevaba en la misma maleta, la sacó para prenderlo y al enfocar la cámara de dicho dispositivo hacia aquel aviso, tomó la fotografía con una gran nitidez que se veía toda la información de la convocatoria, buscó el aplicativo WhatsApp, encontró el chat grupal de su banda y envió la foto del aviso.

Pero ahí no se quedaba, buscó el aplicativo del correo electrónico, abrió la sección para escribir y enviar mensajes de email, digitalizó la dirección del correo de la convocatoria y buscó en archivo PDF de la carpeta de archivos digitales guardados el portafolio de la banda que había realizado con sus compañeros Paula, Alejandro, Enrique y Christian.

 

A las horas de la tarde, los compañeros de Mariana revisaron la información del aviso en el chat grupal de WhatsApp:

Mariana: Hola chicos, quiero avisarles que hay una convocatoria de bandas universitarias, para que participen en el Festival Alternativo de Rock de la universidad.

Enrique: ¿En serio?

Paula: ¿Dónde?

Mariana buscó y reenvió de nuevo el aviso, junto con el enlace del sitio web del bienestar universitario, donde estaba la información de la convocatoria.

Alejandro: ¡De una!

Mariana: Estuve hablando con Christian en la cafetería del campus y nos pide que estemos todos en su casa, para seguir con nuestros ensayos, ahí les explicaré sobre la convocatoria.

Alejandro: ¿A qué horas?

Paula: Que sea al atardecer, ya que tengo que presentar un trabajo de investigación grupal ante el profe Mario.

Alejandro: El profesor encantador con sus exigencias…

Paula: Sí… Pero es importante, ya que eso depende del próximo parcial.

Enrique: Yo puedo estar, no hay problema.

Alejandro: Por mí, también.

Mariana: Listo. Entonces los espero en la casa de Christian.

 

Cae la tarde, mostrando tonalidades de colores amarillentos y anaranjados en medio de nubes grises, reflejando los últimos rayos del sol antes de ocultar en el firmamento de la ciudad montañosa. El grupo de jóvenes músicos y amantes de la cultura pop japonesa llegaron a la casa de Christian de dos pisos en uno de los barrios occidentales de la gran metrópoli, para ingresar por la puerta del garaje de color café oscuro por fuera y ventanas grisáceas opacas como marcas de agua; saludaron a Christian, un joven chaparro y flaco, usando una cachucha de color rojo y portando gafas oscuras con lentes de aumento.

Después de ingresar, caminaron hacia un sótano amplio y vacío, invadido por telarañas marcadas por las partículas del polvo que caían en todo momento y con un grupo guardado de maderas arrimadas en uno de los costados del lugar.  Allá estaban instaladas desde algunos meses una batería de color rojo brillante, el teclado negro de marca Yamaha y los bafles para guitarra y bajo electrónicos de tamaño mediano.

Entre toques y chanzas, los integrantes se alegraban, pero, a diferencia de las demás bandas, no excedían de tiempo, ya que, a la hora de la llegada de los padres de Christian de sus respectivos trabajos, los jóvenes guardaban sus instrumentos y subían para saludar a los dueños de la casa con amabilidad y respeto.

—Así me gusta muchachos, que respeten los tiempos de los adultos— comentaba el padre de Christian, mientras descargaba su maletín de portafolios de la comercializadora de automóviles, tras ver salir al grupo.

—Hola papá— saludó Christian —hoy Mariana nos comentó que inscribió nuestra banda para que pudiéramos participar en un festival musical que organizará la universidad.

—Qué bueno, espero poder asistir, si me invitan— dijo el padre de Christian.

—Por supuesto don Pablo…— dijo sonriente Mariana.

—Bueno muchachos, lávense las manos, si quieren comer algo— avisó la madre de Christian.

Y los muchachos acataron la petición de la señora de la casa.

 

Dos días después, al correo electrónico de Mariana llegó una respuesta por parte de la organización del festival, anunciando que aceptaron la inscripción, además, analizarán los demos en audio y video de la banda subidos por la plataforma YouTube, en un tiempo de una semana, para luego avisar por el mismo correo la aceptación de la inscripción o no de la banda.

Sin embargo, después de dos semanas del último mensaje, Mariana revisaba desde el salón del cómputo del campus universitario el buzón de entrada de su correo electrónico algún mensaje, preocupada por la tardía respuesta de los organizadores del festival. Frustrada y cansada del tema, la joven quería cerrar la sesión, cuando de repente apareció un nuevo mensaje, proveniente de los organizadores, cuyo asunto decía: “Evento postergado”. Mariana reaccionó alarmada, buscó el sitio web de WhatsApp, escaneó la imagen de la barra con su dispositivo móvil, ingresó al chat grupal e inició una nueva conversación:

Mariana: Hola chicos, estoy preocupada

Paula: ¿Qué pasó?

Christian: ¿Ocurrió algo?

Mariana: Recibí un mensaje de los organizadores del evento, anunciando que el festival fue postergado.

Alejandro: ¿Cómo así? ¿Nos engañaron como los políticos?

Paula: No puede ser… Y todo lo que teníamos preparado…

Christian: Eso me da rabia, no es posible que nos hagan esa jugadita.

Enrique: ¿De dónde salió la noticia?

Mariana: Aquí les pego la copia del comunicado que enviaron a mi correo electrónico, ahorita:

“Comunicado oficial del festival.

Anunciamos a todos los interesados que, por cuestiones ajenas de nuestra organización, el Festival Alternativo de Rock ha sido postergado.

Las razones principales de nuestra decisión las daremos en una reunión informativa, por lo cual, invitamos a los líderes de las bandas inscritas y a todos los interesados en nuestro festival, en asistir a dicha reunión programada para el día de mañana en el aula múltiple del edificio de la facultad de música.

Ofrecemos nuestras sinceras disculpas a todos quienes depositaron confianza en nuestro festival.

Atentamente.

Los coordinadores del festival”.

Alejandro: ¿Quién irá a la reunión? Porque yo sí quiero ir para ayudar en dar soluciones.

Mariana: Yo también iré.

Christian: Por mi parte, todo mi apoyo, pero no podré acompañarlos, recuerden que Paula, Enrique y yo estaremos en una conferencia sobre las becas a los estudiantes universitarios ofrecidas por el gobierno de Japón, para estudiar por allá.

Mariana: Es cierto… Ni modos chicos, vayan a esa conferencia, mientras Alejandro y yo estaremos en la reunión con los organizadores del festival.

Paula: Vale.

Alejandro: Perfecto.

 

Al día siguiente, Mariana y Alejandro llegaron al salón múltiple del edificio de la facultad de música, donde se encontraron con algunos compañeros conocidos, líderes de las demás bandas que querían participar y algunos miembros del comité organizador del festival musical, en un ambiente de incertidumbre.

Cuando llegaron el resto de los organizadores, todos los presentes se sentaron para dar inicio a la reunión.

Un joven de barba áspera se levantó para abrir la reunión:

—Buen día a todas y a todos, a nombre de los organizadores del festival quiero agradecer por su asistencia. Como bien saben, los hemos citado para avisar sobre nuestro comunicado, a la vez, en poder llegar acuerdos con ustedes, para recibir una oferta de una empresa promotora que está interesada en patrocinar nuestro festival.

Uno de los líderes de bandas pidió la palabra para formular la siguiente cuestión:

—Quisiera saber, antes que nada, en preguntar ¿es cierto que los administradores del auditorio han dicho que no quieren que se realice el festival, por cuestiones de no gustar a la música del rock?

Los asistentes comenzaron en murmullos y discusiones entre ellos sobre la cuestión del joven líder, asunto del cual, otro de los organizadores con aspecto de cabello largo, rizado y sin peinar, tomó la palabra para tranquilizar a los presentes:

—Calma muchachos… La pregunta de nuestro Gran Jairo es totalmente cierta… Sucede que los señores nos dieron ciertos requisitos exagerados para que cumpliéramos, como las medidas de seguridad, de impedir el acceso a menores de edad y que sea de música rock de las décadas de los cincuentas y sesentas que no motivan ni incidan en la rebelión ni al sexo ni a la violencia. Nosotros hemos mostrado las diferentes canciones que ustedes tocan y no nos dijeron nada, se han mostrado poco receptivos y antipáticos con nuestra expresión artística.

La explicación del joven organizador generó más balbuceos de los asistentes, quienes mostraron su desconcierto y uno que otro molesto que alzó su voz.

—¡Estos cuchos solo quieren el teatro clásico, seres de pensamiento medieval!

Tal pronunciamiento desencadenó en gritos de protesta de algunos músicos de rock que alteraron la reunión.

—Mari, ¿nos retiramos? — preguntó Alejandro, quien estaba inconforme con la situación.

—Espera…

Mariana se levantó y pasando de silla en silla al borde de una de las paredes del aula, llegó a donde estaban sentados los organizadores, sacó una armónica de madera y sopló sobre sus orificios una melodía reconocida por los demás asistentes, era el sonido de una de las canciones que tocó una de sus bandas favoritas del rock alternativo colombiano, dedicada a los páramos del país. Todos se tranquilizaron tras escuchar el sonido de la armónica.

—¡Compañeros! Me llamo Mariana, una líder principiante de una banda que está iniciando y que queremos tocar en el festival. Sé que nuestra música no ha sido reconocida ni respetada por algunos personajes que manejan nuestra universidad, pero nosotros tenemos nuestro derecho de expresar nuestra cultura musical…

—Si es así, ¡que protestemos frente las oficinas administrativas y exijamos que reconozcan nuestros derechos! — gritó uno de los asistentes de traje oscuro.

—¡Claro que podemos protestar! — reaccionó Mariana, quien añadió —pero no de manera violenta, propongo que, si somos músicos, pues podemos realizar en un espacio abierto del campus universitario, para ello convenceremos al bienestar universitario para que nos ayuden en montar un escenario improvisado, con buena tecnología de sonido, con ingenieros de sonido que lo manejen y con buena logística.

La propuesta de Mariana generó diferentes posiciones y comentarios de los colegas.

—No creo que sea la forma adecuada en estos momentos, ya que muchos de los universitarios estarán preparando para las parciales finales y un festival sería ruidoso y podía desconcentrar a todos— comentó uno de los asistentes quien portaba buzo gris y pantalón azul jean oscuro.

—Podemos realizar en un fin de semana, después de las parciales— sugirió una líder de banda de cabello corto hasta los hombros y tinturado de azul oscuro.

—Además, como muchos de los estudiantes tiene la manía de salir de parranda a las horas de la noche a esos bares clandestinos, que están a pocas cuadras de este lugar, podemos realizar el festival con un ingrediente principal, jugos naturales y bebidas ancestrales que no embriagan— agregó otro de los músicos que portaba anteojos oscuros.

Cada asistente de la reunión proponía variadas ideas que fueron tomadas en cuenta por los organizadores, quienes delegaron un redactor para anotar todas, sin escatimar ningún detalle.

Mientras eso pasaba, Mariana regresaba a tomar asiento al lado de Alejandro, quien ilusionado de la manera convincente que dio la joven, mostró su sonrisa en frente de ella.

—Me sorprendes más de lo que haces, si por mí fuera, estallaría como un volcán, pero controlaste a todos los muchachos— dijo Alejandro.

—Gracias Alejo, ahora, toca esperar lo que digan los organizadores— dijo Mariana, mostrando su bella sonrisa por lo que hizo.

Los organizadores analizaron durante esa reunión y mostraron diferentes maneras alternativas para realizar el festival, sometiendo ante consideración de los asistentes.

La gran mayoría de los presentes aceptaron la idea sugerida por Mariana y los organizadores llegaron a las conclusiones, para comenzar en realizar unos compromisos de analizar con el personal de bienestar universitario para escoger el lugar adecuado y realizar gestiones con algunos de los líderes de las bandas para seleccionar la tecnología adecuada de sonido, solicitar un alquiler de tarima y abrir convocatoria para proyectos de emprendimiento y unidades de emprendimiento creados por algunos sectores de la comunidad universitaria.

Terminada la reunión, Mariana y Alejandro avisaron por vía WhatsApp a los demás compañeros, quienes se motivaron, no sólo en continuar con sus ensayos de toque, sino también en crear un proyecto productivo concerniente a la creación de fanzine al estilo del dibujo manga japonés.

 

A pesar del tiempo de un mes de planeación para la organización del festival, tanto los organizadores y los líderes de bandas, como el resto de la comunidad universitaria dedicaron su empeño en los preparativos, tuvieron apoyo no sólo de bienestar universitario, sino también del personal de todas las facultades y de la vicerrectoría académica, quienes dieron los avales y los permisos para que el certamen se realizara en un día sábado, después del último día de los parciales de cierre.

La divulgación del evento la hicieron los mismos estudiantes en las redes sociales oficiales y no oficiales, con avisos ilustrativos hechos de elementos de fantasía precolombina que motivaban a la creatividad de todo universitario, con el único pretexto de no imprimir en afiches y volantes, ya que tanto los organizadores como los participantes no querían usar el papel por principio ecológico y ambiental que tanto se comprometían.

 

Llegaba el día del evento, el administrador del teatro llegaba al parqueadero del campus universitario a la hora acostumbrada para preparar el lugar, tenía claro que habría un recital de un grupo de estudiantina de música andina colombiana para ese día. Esperaba en su oficina a los integrantes del grupo, cuando revisó por la cuenta del correo electrónico institucional y se enteró de un mensaje reciente del líder de la estudiantina, dicho mensaje lo dejó sorprendido y extrañado:

“Postergamos nuestra presentación.

Estimado don Gonzalo, como sabemos que hoy debía ser nuestra presentación del recital musical, decidimos no presentar.

El motivo de nuestra decisión es por respaldar a nuestros compañeros músicos y a la organización del Festival Alternativo de Rock Universitario, además de realizar un ensamble musical con una de las bandas participantes, que son de la misma facultad donde estudiamos.

Esperamos reunir con usted en la próxima semana, sin embargo, queremos invitarlo a que vea nuestra presentación en el festival, aquí dejamos adjunto el aviso publicitario del festival.

Cordialmente.

Integrantes de la Estudiantina Musical”.

El administrador descargó el archivo adjunto y contempló la imagen creativa sobre los indígenas reunidos alrededor de un grupo musical de niños que tocaban instrumentos de viento y de percusión en medio de una montaña de árboles y pastizales. Pensó una y otra vez, decidiendo llamar por teléfono al técnico de sonido del auditorio.

—Aló Lucho, si con Gonzalo… ¿Supiste de los avisos publicitarios de esos muchachos del festival? Increíble el talento que ellos quieren mostrar… Lo supe del mensaje de los muchachos de la estudiantina… Dijeron que postergaban su presentación, porque van a participar con una banda en ese festival… Sería bueno ir allá, porque veo que ni bienestar universitario ni las vicerrectorías nos han contactado en estos últimos días… Como que no nos tienen en cuenta después de decirles no a esos muchachos organizadores… Sí, toca ir para allá…

 

Llegada las horas de la tarde, Gonzalo y Luis, dos viejos amigos que, desde hace 20 años de estar laborando como empleados de planta de la universidad, se encontraron en la entrada del auditorio y caminaron hacia una improvisada concha acústica en la cancha de fútbol del campus, allá contemplaron la cantidad de estudiantes de diferentes facultades que agolpaban sobre las improvisadas pero creativas tiendas de proyectos y unidades de emprendimiento en temáticas: animalista, ambientalista, indígena, afro-caribe, afro-pacífico, campesinado del altiplano, comunal, y cultura pop de países asiáticos.

Al ingresar, vieron que el personal de logística era un compilado del personal administrativo de la universidad, junto con representantes estudiantiles y líderes de bandas, quienes atendieron de manera cordial y amigable con cada asistente, haciéndolos sentir que estuvieran en una feria del libro o en un festival local.

—Nunca imaginé que esto fuera una protesta contra nosotros…— comentaba fascinado Luis —pensé que estos jóvenes vendrían con un trato distinto, de lo que nosotros jamás hemos hecho, me hace recordar a las Fiestas de Reyes Magos…

—Cierto…— asintió Gonzalo —Ya no estamos en épocas de espectáculos internos en teatros, porque estamos en algo diferente, del cual, podemos aprender de estos muchachos.

 

Minutos después, el presentador subió a la tarima y anunciaba el inicio del festival con la mención de la primera banda, ellos subieron y tocaron su repertorio, luego subió la segunda banda en compañía de algunos jóvenes de la estudiantina, quienes hicieron una fusión musical de música rock con música andina, después se presentaron cinco bandas más, cumpliendo sus tiempos y mostrando sus talentos artísticos que entretuvo a todos los asistentes de todas las edades.

El festival musical y artístico cumplía su objetivo de aglomerar al público joven, compartiendo de manera sana y entretenida con personas de diferentes gustos, formas de pensar y maneras de expresar, sin generar ningún altercado ni reyerta entre la comunidad universitaria y sus familiares que los acompañaban, antes del cierre del año académico universitario.

Una de las últimas bandas que se presentaba en el exitoso festival era el grupo de Mariana, quienes interpretaron cinco canciones de aquellas bandas sonoras de las series de animación japonesa que fueron transmitidas por la televisión nacional en la década de los noventas. Tanta fue la euforia y los aplausos de los asistentes del festival, que motivado, uno de los organizadores de barba áspera subía a la improvisada tarima y cogía uno de los micrófonos, antes que la banda de Mariana se bajara.

—¡Una gran euforia a la Banda Otaku! Antes que se vayan, quiero a nombre de toda la organización en agradecer a Mari y a sus chicos en reconocer, no sólo por ese impresionante toque que nos ha deleitado a todos los presentes, sino también por el liderazgo e iniciativa para que nuestro festival cambiara de rumbo y marcara un nuevo hito en la historia de los eventos universitarios. ¡Muchas gracias!

Mariana se volteó, miró a sus orgullosos compañeros, caminó a donde estaba el organizador y lo abrazó en señal de agradecimiento, luego se dirigió a los presentes frente el micrófono.

—Agradezco mucho por tus palabras Camilo, siendo sincera, me imaginé este momento de algarabías y alegrías, mas no de reconocimientos infinitos en esta alma mater por parte de todas y todos, gracias de todo corazón, ¡Nunca olvidaré este momento tan hermoso para mi vida y mis compañeros!

—¡Otra! ¡Otra! — Entre gritos y cánticos, los asistentes querían que la banda no abandonara la tarima.

Paula, Christian, Alejandro y Enrique subieron felices para abrazar a Mariana, quien no aguantó el feliz llanto que salió del fondo de su sentir humano.

—Te sugiero que toquemos la canción que más nos ha gustado, ¿lo recuerdas? — dijo Alejandro.

Mariana aceptó y sus compañeros cogieron de nuevo sus instrumentos, para interpretar aquella canción dedicada al poder lunar, en medio del atardecer de los colores del sol oculto frente las arborizadas montañas que rodeaban la ciudad.

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