Novela-Fanfic: TOMOE Capítulo Cuarto: DESPERTAR..


TOMOE

Por: Juan Carlos Quenguan Acosta

CAPÍTULO CUARTO: DESPERTAR.

SaturnGirl por JCQA, dibujo calcado del personaje Hotaru Tomoe/Sailor Saturn de la franquicia Sailor Moon de Naoko Takeuchi.

Al enterarse por las noticias sobre la nueva aparición de la misteriosa y poderosa chica, de su pelea con un extraño personaje y de ir con un grupo de oficiales de la policía metropolitana a la Estación Central de la entidad policial, Souichi llamó de una vez al celular de Haruna.

—¡Hola tío! — saludó preocupada Haruna.

—Hola Haruna, ¿están bien por allá? — saludó preocupado Souichi.

—Sí… Estoy con Hayate en el Parque Nororiental, buscando a Hotaru, y no la encontramos.

—Hotaru me llamó ahora, para avisarles que está en una estación de policía— mintió Souichi, luego agregó —les pido que regresen a casa en taxi, cuando lleguen me avisan, yo bajaré y pagaré al conductor.

—Perfecto tío, vamos para allá.

 

En la región montañosa de Siberia, cerca del país de Chechenia, existió una base oculta y subterránea, donde tenía diferentes secciones y una gran edificación, dentro de ese inmueble estaba el área de cómputo, donde uno de los milicianos del grupo armado Alzados Azules, salió para caminar directamente a la otra área que era un lujoso despacho del comandante, a entregar un informe acerca de lo sucedido en la ciudad de Bacatá.

—Con que la chica se hace llamar Saturn Girl… Por lo menos, nuestro androide la provocó para que ella comenzara en usar sus poderes… Interesante… Si la princesa comienza en aprender, de manera rápida sus poderes, estoy seguro que tendremos dificultades para derrotarla y obtener sus poderes…— Comentó analítico el comandante.

—¿Cuáles son sus órdenes, mi Barón? — Preguntó dispuesto el uniformado en posición firme.

—Es hora de enviar un androide mejor preparado… Mejor no, que sean tres androides para que vayan a Colombia…— Contestó calculador el barón.

—Como ordene mi Barón— al responder, el miliciano se retiraba del despacho.

—Con que te llamas Saturn Girl… ¡Ay princesa! Llegará el momento para reencontrarme contigo y arrebatarte todos tus poderes y toda tu belleza… Porque siempre has sido mía…— hablaba solo el barón, tomando aire, mostrando su sonrisa triunfalista.

 

La caravana de automotores de la policía metropolitana llegaba a la Estación Central, donde se bajaron Saturn Girl, acompañada por un grupo escoltado de policías, para ingresar a dicho edificio. Allá, en una de las salas de interrogatorio, la hermosa chica respondía y explicaba sobre sus antecedentes y sus motivos de estar en Colombia, más nunca revelaba sobre su familia ni sobre su identidad secreta.

Alrededor de la Estación Central se reunieron diferentes periodistas y camarógrafos de distintos medios nacionales e internacionales, masivos, alternativos y comunitarios; quienes querían recoger información de primera mano acerca de la misteriosa chica quien salvó la ciudad de un acto terrorista, tal y como anunciaron en varios noticieros.

Souichi llegó en taxi al lugar abarrotado, caminó hacia los policías quienes custodiaban el edificio, para hablar con el comandante de la policía metropolitana. En ese momento acercaron varios oficiales de alto rango para ingresar, entre ellos un general que fue identificado al instante por el profesor Tomoe.

—¡General Gaitán!¡General Gaitán!

El cuerpo de oficiales impidió el paso de un preocupado científico, pero él siguió insistiendo.

—¡General! Necesito hablar con usted, es sobre algo relacionado con la chica que ingresó con los demás policías.

Al escuchar los gritos, el general se volteó, vio al personaje y lo reconoció de una vez.

—¡Profesor Tomoe! ¿Cuánto tiempo sin verlo, viejo amigo? ¿Por qué visita en medio de mi trabajo? — Saludó cuestionando el comandante de la policía.

—Es un tema personal de suma importancia, referente a aquella chica que ingresó a la estación de policía— respondió incómodo el profesor.

—Pero profesor, no puedo hacer nada a lo que se refiere, apenas acabé de llegar y debo recibir la información de lo sucedido en el día de hoy.

—Créame general, es sobre ese incidente de lo que me refiero, ya que usted me contó algo similar.

El general se detuvo, salió de donde estaba con sus colegas y caminó para acercarse al profesor, luego lo miró y recordó de aquella conversación hace tres meses atrás, en uno de los café pasajes:

 

“En uno de los café pasajes del Centro Histórico se citaron varios académicos, científicos, funcionarios públicos de la alcaldía mayor de la ciudad y de la alcaldía menor del sector histórico y personal de alto rango de la policía metropolitana, acerca del tema de seguridad en las universidades públicas y privadas.

Souichi asistió aquella reunión y aportó sus puntos de vista sobre la problemática de pandillas que asediaban a los estudiantes universitarios.

Terminada la reunión, uno de los colegas profesores avisó al profesor Tomoe para que hablara un momento con el general Gaitán, por lo cual, aceptó y afueras del café pasaje, el oficial y el profesor se encontraron.

—Es un gusto conocerlo profesor, como usted sabe quién soy yo, me gustaría hablar con usted, porque me llama la atención que su familia viva actualmente en Colombia— saludó cordial el general.

—Así es general, de mi parte es un placer— respondió el profesor, desconfiado ante las siguientes inquietudes que formulaba el general.

Ambos caminaron a la Plazoleta Misak, para sentar en una de las sillas públicas y hablar en privado, presenciando la cantidad de carpas que ofrecían ventas de libros usados y de segunda mano.

El general sacó de su billetera una foto de una chica, para mostrarla a un impresionado Souichi.

 

‘Quiero contarle algo, hace quince años conocí a esa chica en los Estados Unidos… Fui a ese país por un convenio institucional del Ministerio de Defensa de Colombia con el Departamento de Seguridad Estadounidense, para la lucha contra el tráfico de drogas alucinógenas. La chica de la foto era quien realizaba una labor de apoyo al ejército norteamericano, mostrando sus habilidades que causaban admiración.

En una incursión de investigación en una de las bodegas del muelle de la ciudad de Boston, el cuerpo militar cogió de sorprenda a una banda de extorsionistas rusos y chechenos, causando una serie de disparos. La banda trató en salir del lugar para montar en una camioneta brindada, sin embargo, fueron interceptados por esa chica, quien la detuvo con facilidad e hizo bajar a cada uno de los hombres armados. Sin percatarnos, salió otra camioneta y ella los persiguió volando, yo subí en una camioneta oficial del ejército con militares, para apoyar a la chica.

En una zona boscosa, la chica detuvo la siguiente camioneta y obligó a un hombre de baja estatura para que saliera de dicha camioneta. Era raro que ese tipo no sentía temor, como si conociera también a la chica y quería algo de ella.

Exigí que me dejara capturar al sospechoso, pero ella se quedó en posición defensiva, con una actitud beligerante. Me acuerdo que ella decía: “Quiero saldar cuentas con él…” Yo me tensioné y le dije que no hiciera justicia por mano propia, y ella me insistía que lo que haría era poco entendible para mí, pero que pronto lo iba a saber.

El sospechoso sonrió, sacó su revólver y me dijo: “Créale a ella, porque nuestro nivel de entendimiento nunca será comprendido por cualquier ser humano, y si usted lo trata de comprender nuestras acciones, morirá…”

No sabía qué hacer, tiré mi ametralladora y la chica y el sospechoso caminaron hacia uno de los arbustos. Recuerdo que me acerqué para presenciar un acto de feminicidio contra la chica, en el cual el asesino decía a la chica que buscaría a la niña a quien ella dejó sus poderes, después dio dos disparos a quemarropa, haciendo que la chica cayera de rodillas y echarse al suelo.

Reaccioné alarmado y desesperado di tres disparos al tipo, hiriéndolo en una de sus rodillas, él se volteó y disparé al hombro derecho, para hacerlo caer al suelo, después me acerqué y tembloroso apunté al caído.

El tipo me miró y me dijo que el poder que él lo buscaba lo tenía la novia de un científico japonés.

Amargado ordené que se callara y luego él insistió sonriente que: “¿No entiende que ya era tarde? Usted no hará nada, porque yo tengo todo calculado…”

Entonces, saqué las esposas de la correa de mi pantalón y las puse en las muñecas del asesino y lo dejé boca abajo en el suelo, luego acudí a la malherida chica. Exigí que fuera fuerte y tranquila, luego llamé por la radio llamada para pedir ayuda. Luego, ella me dijo entrecortada que: “Lo que dijo ese señor es cierto, se llama el Barón Blue… Comandante de los Alzados Azules… Solo le pido in favor… Proteja y cuida la vida de aquellos jóvenes japoneses que los salvé durante el terremoto de San Diego… Ellos tendrán una hija… Quien nacerá y vivirá… Ella será la reencarnación de la princesa del Reino de Saturno… Y será perseguida con su familia por ese grupo armado… Para usar sus poderes con fines destructivos…” Le pregunté ¿quiénes eran esas personas? Y me comentó que eran Souichi Tomoe y Keiko Tomoe, después dijo que cumplió su misión y dio su último suspiro.

Cuando llegaron los militares, me preguntaron lo sucedido, les conté todo el operativo, mas nunca mencioné lo que me murmuraron.

Regresé a Bacatá y me enteré que el denominado Barón Blue se fugó del hospital donde lo internaron, por medio de un atentado, años después me enteré todo lo que a usted y su familia padecieron de los atentados y secuestros en Japón, decidí investigar por mi propia cuenta y me di cuenta que era su familia.’”

 

Cuando el general recordó de esa charla con el profesor Tomoe, ordenó a sus subalternos en ingresar a Souichi, saludarlo y conversar sobre lo sucedido en la ciclovía, para luego, ingresar ambos a la Estación Central de Policía.

Al ingresar, el oficial solicitó hablar con la poderosa chica, el personal indicó la sala de interrogatorio donde estaba la joven y el teniente, después pidió al profesor que se quedara esperando, caminó por el pasillo y encontró la sala, donde estaban ambos personajes, hablando amena y atenta.

Tras ver al general, el teniente Arboleda se levantó dónde estaba sentado, dando su saludo protocolario de policía.

—Mi general, reporto que esta chica es quien salvó el día de un posible androide, ya que es perseguida por los terroristas que se hacen llamar los Alzados Azules— saludó el teniente.

—Bien teniente, ahora descanse y redacte el reporte de ese atentado hoy a mi despacho— ordenó el general.

El teniente aceptó la orden, salió del lugar y de una vez, el general ordenó entrar al profesor Tomoe, a quien Hotaru lo reconoció sorprendida y un poco asustada.

—¿Eres Hotaru, la hija de Souichi Tomoe? — la pregunta del general generó atónita a la chica, quien temerosa no quiso responder, pensando que sería una trampa.

—Tranquila hija, el general Gaitán es mi amigo, fue el quien no reportó ni a las autoridades de los Estados Unidos, ni a las autoridades colombianas sobre tu secreto, fue él quien habló con la chica norteamericana, antes de su muerte— habló mesurado Souichi, tocando sus manos con las de su hija, en frente de la mesa, para mostrar tranquilidad.

—¿Estás seguro papá? — Preguntó Hotaru a su padre, quien asentó sonriente. —Está bien, soy la hija del profesor Tomoe, general.

—Me alegra, como conté a tu padre, vine hablar personalmente, sin grabaciones ni personas ajenas que estén con nosotros— comentó el general, quien añadió —porque, una de las promesas que di a aquella chica es en cuidar a ti y a tu padre, bajo discreción.

—Entonces, sería bueno que podemos continuar charlando, pero en mi casa, ya que tampoco estoy seguro de estar acá— sugirió Souichi, del cual fue aceptada por Hotaru.

—Claro, por mí está bien profesor, entonces, podemos continuar hablando en su casa, así sea mañana— aceptó el general.

Minutos después, los tres se levantaron de la mesa, luego, el general ordenó a los oficiales en dejar salir por una de las salidas diferentes de la estación, para que no se enterara el personal de prensa. Por lo tanto, todo se cumplió tal y como ideó el general.

 

A las horas de la noche, en la casa de la familia Tomoe, Souichi y Hotaru, quien venía en sudadera, fueron recibidos por Inukai y sus sobrinas, preocupados por el paradero de Hotaru. Aliviadas, Haruna y Hayate abrazaron a su prima, quien sonriente les generó tranquilidad.

—¿Dónde estuviste? Pensábamos que estaba perdida— preguntó ansiosa Haruna.

—Estoy bien, ya que estuve en la Estación Central de Policía— respondió Hotaru.

—Hoy me sentí rara…— Expresó Hayate.

—¿Por qué? — Preguntó Hotaru.

—Porque, en el momento de aquella pelea en el cielo, sentí que algo me nublaba, como si una fuerza desconocida me impulsaba a levantar mis manos— contaba Hayate.

—Yo también lo sentí— dijo preocupada Haruna, agregando —lo que no puedo entender es ¿por qué nos pasó a Hayate y a mí? ¿Sentiste algo similar?

La pregunta de Haruna dejó muda a Hotaru, quien no quería revelar su secreto.

—¿Sentiste algo similar, Hotaru? —Insistió Haruna.

—No… — Negó Hotaru, quien agregó su mentira —sinceramente, no recuerdo, porque en ese momento caí desmayada.

—Creo que deben descansar, porque este día fue bastante largo— sugirió Inukai a sus sobrinas, luego dijo —estoy seguro que mañana será otro día.

Las chicas aceptaron la idea de si tío y cada una ingresó a casa, directamente a sus cuartos, para cambiar de ropa y poder dormir.

En ese mismo momento, los hermanos fueron a la sala.

—¿Habló, con el general Gaitán? — Preguntó Inukai.

—Sí, él también sabe sobre mi hija… — Respondió Souichi, descansando en el sofá.

—¿Estás seguro en depositar confianza en el general? —cuestionó Inukai.

—Completamente, él lo tendrá como secreto personal que confirió la chica norteamericana, por lo cual, nunca revelará la identidad de mi hija.

—Lo que me preocupa es que lo sepan todas las autoridades, y más aún a los norteamericanos, quienes querrán tener a Hotaru para sus experimentos.

—Lo mismo harán los Alzados Azules…

—Yo creo que es hora de ayudar con el destino de Hotaru, si no lo hacemos, todos estaremos en peligro —advirtió Inukai.

 

A la mañana siguiente, Souichi sintonizaba el televisor para ver las noticias, muchas eran sobre aquel suceso violento del pasado domingo, del cual, todos los noticieros daban informaciones confusas, provenientes de periodistas, quienes divulgaban diferentes versiones, sin tener la plena certeza de lo sucedido.

“Afortunadamente no hay una versión sobre mi hija, ni mencionan sobre la salida que tuve con Hotaru de la estación de policía…” Pensaba tranquilo Souichi.

Algunos minutos después, bajaba Hayate, quien acabó de levantar, caminó bostezando y pensativa hacia la sala.

—Buen día tío— saludó Hayate.

—Buen día Hayate— respondió sonriente Souichi, quien, al ver el rostro preocupado de su sobrina, preguntó —¿Te pasa algo?

—Pues… No lo sé…— Contestó la chica, quien decidió caminar hacia el sofá, donde estaba su tío y sentar a su lado derecho —tuve un rato sueño… ¿puedo contarlo?

—Por supuesto, dime.

—Pues, verás…

 

“Estaba en un lugar de ruinas y escombros, como si fuera similar a la Acrópolis griega. Luego vi a una chica de cuerpo atlético, de hermosa cabellera lisa de color blanco y que llegaba hacia la cintura; quien me hizo una seña con su mano derecha, pidiendo que me acercara a donde estaba ella.

Cuando me acerqué, ella me sonrió y me dijo: ‘Hola Hayate, supe que me despertó cuando ocurrió de aquel incidente en Bacatá…’

‘¿Quién eres?’ Pregunté.

‘Me llamo Rein, una de las guardianas que protege el Reino de Saturno,’ me respondió, ‘sé sobre ti cuando la princesa me indicó que eres la hermosa y humilde chica, del cual eres mi reencarnación…’

‘¿Cuál princesa? No entiendo.’

La sonriente chica cogió mis manos con las suyas, transmitiendo su cálida energía que penetro a mi cuerpo.

Me dijo: ‘Pronto sabrás sobre ella, ya que es cercana a ti… Tú la cuidarás y la apoyarás en su labor de proteger a todos tus seres queridos.’

Después, ella desapareció.”

 

Al escuchar el relato del sueño de Hayate, Souichi sabía que poco a poco, sus sobrinas iban a ser escogidas por Hotaru, para ser sus guardianas.

—Es interesante lo que me cuentas Hayate… Porque para mí no es un sueño extraño… Es algo que nos pasará a todos, incluyendo en especial a Hotaru.

—¿Por qué lo dices tío?

—Porque la verdad es… Que Hotaru es la reencarnación de aquella princesa, a quien menciono la guardiana.

Publicado para el medio alternativo Sitio Bagatela el 31 de diciembre de 2021.

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