Novela-Fanfic: TOMOE Capítulo Noveno: DESGRACIA EN EPIDEMIA.


TOMOE

Por: Juan Carlos Quenguan Acosta

CAPÍTULO NOVENO: DESGRACIA EN EPIDEMIA

SaturnGirl por JCQA, dibujo calcado del personaje Hotaru Tomoe/Sailor Saturn de la franquicia Sailor Moon de Naoko Takeuchi.

SaturnGirl por JCQA, dibujo calcado del personaje Hotaru Tomoe/Sailor Saturn de la franquicia Sailor Moon de Naoko Takeuchi.

Varios minutos después de la batalla, la princesa y sus guardianas buscaban entre montañas de ruinas y escombros, algún indicio de la vida de Maki, el padre de Lázuli.

—¿Encontraron algo? — Preguntó Hayate.

—¡Nada! — Respondió Fuu con voz alta.

—¡Aquí tampoco! — Contestó Haruna.

Lázuli y Hotaru caminaron en donde era el laboratorio de androides.

—¿Recuerdas algo? — Preguntó Hotaru.

—No… Solo recuerdo los bonitos momentos que vivimos cuando éramos niñas en Japón, más no de los momentos dolorosos cuando padecí con mi papá…— Respondió melancólica Lázuli, quien quería pedir algo —Quiero pedirte algo, necesito que avises a las demás primas de algo que sucederá…

—Claro, ahora les aviso.

Hotaru llamó a las demás chicas, para estar en las inmediaciones de la pista agrietada. Allá quiso formular.

—¿Han podido encontrar algún indicio de nuestro tío Maki? — preguntó Hotaru.

Todas negaron, moviendo sus cabezas.

—Entonces, debemos buscar en la parte más debajo de esta base, porque, recuerdo que existe una entrada secreta en la sección de las cápsulas de los androides— propuso Lázuli.

—Espero que no sea una trampa, Zankya— advirtió Hayate.

—Por favor, no empecemos a discutir de nuevo sobre nuestro pasado— reaccionó molesta Lázuli, exponiendo —todo lo sucedido en el Reino de Saturno cuando éramos guardianas, era una confusión que nos incentivó Nova; por todo ello, repito una y varias veces que no vine con malas intenciones, vine en ese momento para perseguir y desmentir de todas las mentiras que él presentaba…

—Entonces, ¿por qué dijiste, antes de venir al reino, que estuviste con un grupo delincuente de otro planeta? — interrogó Haruna.

—Porque en ese momento estaba salvando mi vida, si no lo hacía, estaría muerta en medio de una ejecución que habría hecho ese grupo— Lázuli expuso sus argumentos con sinceridad.

—Me da pena contigo, pero estoy de acuerdo con Hayate y con Haruna, debimos tener claridad que fue Nova y sus influencias que tuvo contigo Zankya, para traer una enfermedad, que tiempo después, causó el fallecimiento de nuestra princesa— ostentó Fuu.

—Tampoco es cierto—negó Lázuli una vez más —yo no tengo complicidad sobre aquella enfermedad desconocida, bien saben que nadie, menos yo, que en los juegos peligrosos que hizo Nova en contra de todos, solo por querer conquistar todo.

—¡Suficiente! — Hotaru alzó su voz, quien reflexionaba —No estamos aquí para dividirnos, ni para acusar nuestros errores del pasado, eso ya pasó; si estuviéramos viviendo en medio de resentimientos pretérito, no estaríamos reencarnado en La Tierra y nuestros espíritus estarían viviendo en algo que los humanos lo llamarían purgatorio, donde es difícil salir; ahora, agradezco a Lázuli, porque pudimos enterar de todo lo sucedido y desmentir, antes que yo como princesa, me haya enfermado. Hoy vivimos como primas, porque era nuestra voluntad colectiva en que no queríamos vivir de lujos reales.

—Hotaru, si ya no eres princesa, entonces ¿qué somos nosotras? — Cuestionó Hayate.

—Somos familia… Recuerden que esa fue nuestra promesa, para vivir tranquilas, para apoyarnos juntas y aprender lo que es un verdadero equipo de trabajo, al igual en la manera de perdonarnos y enmendar nuestros errores, eso hacen los seres humanos, a pesar de sus errores e interpretaciones. Es por ello que, demos una oportunidad más a Zankya, reencarnada en Lázuli, para que conviva con nosotras… Es difícil aceptar estas circunstancias, pero siempre viviremos en los inevitables momentos…

Tras la discusión entre primas, las últimas aclaraciones y reflexiones de Hotaru hizo pensar a cada una. Esas palabras sinceras tocaron en los corazones y en las mentes de cada una, quien se acercó a Lázuli para mirarla de frente.

—A pesar que Hotaru no sea nuestra princesa en este planeta que vivimos, su humildad y sinceridad elocuente nunca ha cambiado, para convencernos y encaminarnos hacia nuestra rectitud— comentó sincera Fuu, añadiendo —por mi parte, aceptaré en dar la oportunidad a Lázuli.

—Yo también le daré esa oportunidad— manifestó Haruna.

Hotaru miró a Hayate, quien pensaba en sí misma.

—¿Tu qué dices Hayate? — Preguntó Hotaru.

—Está bien, daré otra oportunidad, con tal de que sea sincera y pueda adaptarse a nuestro entorno— advirtió Hayate.

Al hablar cada una de las chicas, cada una extendió su mano derecha de frente, para coger con la mano derecha de Lázuli, quien, aliviada aceptó ante una nueva oportunidad.

—Gracias chicas por aceptarme, ahora podré vivir más tranquila— agradeció Lázuli, quien indicó un lugar —ya que recuerdo, en este lugar encontramos el acceso a la parte profunda de la base.

 

Las cinco chicas caminaron hacia una puerta, ubicada abajo, entre ruinas y escombros de lo que era la sección de los androides, allá abrieron con sus fuerzas, luego, cada una bajó por las escaleras de acero, aluminio y hierro, para llegar a cincuenta metros bajo tierra, un lugar subterráneo, donde funcionaban diferentes tipos de computadoras y un conjunto de cinco cápsulas.

Lázuli abrió cada una y solo encontró vacío.

—No está.

Por su lado, Haruna revisó en cada uno de los computadores, en compañía de Hayate.

—Lo que tienen son archivos de los movimientos y tácticas del grupo armado— comentó Hayate.

—Espera… — Haruna encontró en el monitor un archivo en TXT —hay un listado de personas secuestradas y los lugares a donde fueron remitidos…

Las chicas revisaron detenidamente el lugar, viendo compuestos eléctricos y tecnológicos, sean para ensamblaje de armas letales, como de las partes biónicas para nuevos androides, además de descubrir planos esqueléticos de los modelos de androides.

—Querían un ejército de androides, ¿pero con qué fin? — preguntó Fuu, analizando casas elemento.

—Chicas, vean el siguiente listado que encontré— avisó Haruna.

Las primas se acercaron, Lázuli miró el listado, se levantó y vio a Hotaru.

—A mí y a mi papá nos experimentaron con nanotecnología, para convertirnos en androides. Mi cuerpo era el más apto, porque asimiló el tratamiento de líquidos que contenían nanobots… Pero mi papá no lo soportó en esos experimentos, antes de mí… Ahora, me entero que, entre los fallecidos, él está… —Tras decirlo. Lázuli bajó su cabeza para llorar, pero nunca cayó una lagrima de sus ojos.

Estupefactas y tristes, todas quedaron en silencio sepulcral en dos minutos, en ese momento, Hotaru abrazó a su inmóvil prima.

—Te entiendo…

Después, Fuu encontró un documento, en el cual, contenía un listado de investigación científica.

—Chicas, ¿por qué existe una lista de virus biológicos en este sitio?

Hotaru y Haruna fueron a donde estaba Fuu, quien les pasaba la otra pantalla, mostrando el archivo digital, para enterar de algo preocupado.

—No puede ser… — negó Hotaru, moviendo su cabeza.

—No es posible… —reaccionó Haruna.

—Los androides que destruimos en Bacatá eran portadores de virus letales, cuyas destrucciones esparcieron por el aire… —comentó sería Hayate.

—Y en vez de debilitarnos a nosotras, los contagiados son varios colombianos, sin que ellos lo supieran— agregó Fuu.

—¿No era la misma manera que contagió Nova a los habitantes del reino, pero de una forma que hirvió la coagulación de su sangre, después de explotarse en un cuarto de explosivos? —Preguntó Hayate a Hotaru.

—Sí, así era, pero no sabía cuál era lo que me infectó cuando era la princesa Kara— respondió Hotaru.

—Regresemos a Bacatá— propuso Haruna —no sabremos cuántos ya están infectados.

—Listo, de una vez regresemos— secundó Hotaru.

—¿Ahora? —preguntó un poco atontada Lázuli.

—Sí, ahora— respondió decidía Hayate.

 

La preocupación de la princesa y sus guardianas fueron reales, porque, al regresar a la ciudad de Bacatá con urgencia, dos días después del viaje contante desde Europa, las chicas fueron a llamar por vía celular, después de bajar del avión, en el aeropuerto internacional, alertando a Souichi y a Inukai sobre el posible contagio masivo en Bacatá.

Después de la llamada, toda la familia se reunió en el hotel del Centro Histórico. Lázuli reconoció a sus tíos y se abrazaron fraternalmente, después, las chicas comentaron todo lo sucedido en la base de los Alzados Armados, lo que encontraron de los archivos digitales y la confirmación del fallecimiento de Maki Tomoe, del cual, todos guardaron silencio.

—Ya que estamos todos, queremos saber ¿si en las noticias anunciadas de la última semana, anunciaron sobre una rara enfermedad en Bacatá? — Preguntó Hotaru.

—Sí, dijeron que son entre cuarenta y cincuenta casos— contestó Souichi.

—Sobre ello, les paso esta USB, en ella contiene informaciones acerca de virus letales que manejaron los Alzados Azules, suponemos todas que los androides que destruimos esparcieron con sus explosiones esos virus— dijo Hayate, entregando el dispositivo a Inukai.

Souichi sacó su portátil que lo tenía prestado de la universidad donde impartió sus clases, lo prendió y lo pasó a su hermano, para revisar el contenido del dispositivo de almacenamiento. Tras investigar los archivos importantes sobre los virus, Inukai se mostraba preocupado.

—Está información es grave, lo escrito en estos documentos son idénticos a las informaciones del ministerio de salud sobre los síntomas que presentaron los casos, por eso, nos toca avisar urgente a la comunidad médica, para presentar una solicitud de investigación ante dicho ministerio.

Souichi pidió a su hermano el portátil, éste le devuelve y verificó por su mismo cada uno de los documentos digitales.

—Todo lo escrito en estos documentos son ciertos, llamemos urgente, no sólo a las comunidades médicas, si o también a las autoridades sanitarias y, al general Gaitán, quien tiene contacto directo con el presidente de la República, para advertir la inminente epidemia que está desatando en Bacatá.

 

Una semana después, aumentaron los cansos de contagio. Las sociedades de médicos colombianos de todas las áreas analizaron las informaciones que presentaron los hermanos Tomoe, lo mismo hicieron las diferentes autoridades ejecutivas y la remisión de la cancillería colombiana ante el gobierno ruso y ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; referenciando sobre la base subterránea de los Alzados Azules, mas nunca mencionó sobre las guardianas y su combate contra el Barón Blue; por lo cual, bajo la influencia del general Gaitán, maquilló la versión de una disputa de grupos armados con mercenarios multinacionales, que causaron la destrucción de la base.

Los contagiados con mayores complicaciones de salud fueron llevados a los hospitales, cuyas unidades de cuidado intensivo fueron llenados en poco tiempo. Una de ellos era Cecilia, la madre de Juan, quien era internada en la Clínica Central. Por tener antecedentes de neumonía parcial y tabaquismo, se había contagiado rápido de la desconocida enfermedad, sin saber de lo ocurrido. Juan quería acompañar a su madre, pero por ser una persona en condición de discapacidad múltiple (visual grave, cognitiva leve), el cuerpo paramédico solicitó que estuviera en casa, recibiendo una visita médica para realizar el examen de comprobación presencial del virus y estar pendiente de los reportes diarios que recibiría por vía telefónica.

Solo y desesperado, Juan llamó al celular de Hotaru, desde el teléfono de su casa.

—Hola Hotaru, soy yo, te llamo porque mi mamá está mal, llamé a la línea de emergencia, treinta minutos después llegó una ambulancia y se la llevaron, más no me permitieron acompañarla.

—Hola Juanito, no me digas, ¿tu madre tuvo síntomas que te mostré ayer en un aviso por WhatsApp?

—Totalmente, mi mamá tiene esos síntomas y estoy angustiado.

—Tranquilo mi amor, ¿y tú estás bien?

—Sí, estoy bien, no he tenido esos síntomas, ahorita estoy con tapabocas todo el tiempo en mi casa.

—Si quieres, puedo ir a tu casa mañana, para acompañarte.

—Gracias Hotaru, porque en verdad no sé qué hacer.

—No te preocupes Juanito, por ahora cuídate, por favor, te quiero mucho.

—Y yo a ti…

 

Al siguiente día, Souichi y Hotaru, portando sus propias mascarillas para tapar nariz y boca, llegaron en taxi al barrio Troya, subiendo por las empinadas calles de piedra que causó leves averías en la carrocería del automotor. Al llegar a la casa de la familia Vásquez, ambos se bajaron del taxi, pagaron al conductor y fueron a golpear al portón de la casa, en cuestión de segundos, el portón se abrió.

—Hola Juanito, ya llegué con mi papá, para acompañarte— saludó sonriente Hotaru.

—Hola Hotaru, buenos días señor Tomoe, pasen— respondió Juan, a quien comenzó a sentir fuertes palpitaciones de corazón, por la presencia de su gran amiga.

Hotaru y su padre entraron en la casa de Juan, subieron por las escaleras y el joven indicó el comedor de la cocina, donde ambos se sentaron en las sillas plásticas de color rojo ladrillo, luego, ellos comenzaron con la charla, explicando los sucesos ocurridos en Europa, la batalla que libró Hotaru y sus primas contra los Alzados Azules y el hallazgo de los documentos por parte de las guardianas.

—Es por ello que quiero saber, no sólo sobre el estado de salud de su madre, sino también del estado suyo Juan— pidió Souichi, quien estaba comiendo una de las galletas de sal que ofreció el residente.

—Pues señor Tomoe… Cuando mi mamá se sintió mal después de comprar el mercado quincenal, los médicos que la trataron le hicieron una prueba médica de detección del virus y el resultado salió positivo, después me hicieron la misma prueba dos veces en esta semana y en todas salí negativo, además, en todo este tiempo no he tenido los síntomas que tuvo mi mamá… — explicó Juan.

Souichi escuchó y reflexionó acerca de lo dicho por Juan.

—¿Le han realizado otras pruebas diferentes al de los virus? — preguntó Souichi.

—Sí— contestó Juan.

—¿Puedo verla? Por favor.

Juan se levantó de la silla, fue a su cuarto, buscó en una carpeta negra de documentos personales y sacó los resultados de otros exámenes, en especial de la sangre y del plasma.

—¿Tienes alguna idea? — Preguntó Hotaru a su padre.

—Seguramente…— Respondió Souichi, pensando.

El joven colombiano regresó a la cocina, mostrando a Souichi los resultados de los exámenes.

—Lo suponía…— Expresó serio el científico, quien interrogó —Dime la verdad, ¿Es cierto que ustedes se besaron, durante aquel incidente antes de la destrucción a la casa?

Hotaru y Juan se miraron con algo de angustia en sus rostros.

—Sí señor… Pero lo hice, no sólo porque estaba enamorado de su hija, sino porque, algo dentro de mí impulsó a revelar que Hotaru era Saturn Girl… La misma que vi en las historias manga sobre Magical Girls… La misma a quien reconocí cuando me salvó de los muchachos rateros…—respondió sincero Juan, mirando a los ojos de Souichi.

—Es cierto papá…—dijo Hotaru, apoyando a su amigo.

—Bien…Me alegra que se hayan salvado… En el documento de investigación de los Alzados Azules se comprobó que el virus que está provocando la epidemia no puede ser tratado con antibióticos ni con vacunas, porque es un virus modificado de los seres vivos de La Tierra con compuestos genéticos de un virus alienígena— comentó Souichi, devolviendo los resultados a Juan.

Al escuchar las explicaciones de su padre, Hotaru recordó algo.

—No puede ser… El único alienígena que vino era Nova, pero el reencarnó en el Barón Blue…— dijo Hotaru.

—Sobre eso, Nova nunca se reencarnó, estaba vivo por mucho tiempo; como vidente, sabía que la princesa estaría reencarnada en ti, eso es lo que me llamó la atención en esos documentos— explicó Souichi.

—Ahora entiendo lo que ella me dijo, que habría una desgracia en forma de contagios masivos, tal y como pasó en el Reino de Saturno, sólo porque Nova quería acabar con los humanos— comentó Hotaru.

—Así es hija… Creo que lo ocurrido en Saturno es un aprendizaje para ti, más todavía, en la manera de crear verdaderos antídotos, con base en los plasmas que tienen ambos— aseguró Souichi.

—Entonces, ¿hay una manera de curar a mi mamá? — Preguntó ilusionado Juan.

—Toca probar, recuerde que es una hipótesis inicial— respondió Souichi con cautela, además agregó —para eso, hablaré de una vez con los demás médicos, para agregar mi hipótesis en la investigación, con ello, realizaremos las pruebas científicas lo más pronto posible.

—Por favor señor Tomoe, haga todo posible para que mi mamá se pueda curar y recuperar— pidió Juan

—Haré lo que pueda desde hoy— respondió sonriente Souichi.

—Como agradecimiento, les pido que no busquen otro lugar, por ello, les ofrezco mi casa para que puedan vivir, no es lujosa ni cómoda, por las constantes goteras de las lluvias— insistió Juan, de nuevo.

—Es la segunda vez que me pide con toda sinceridad hacia mi familia… — Expresó Souichi, quien miró a su hija, interesada para que diera una respuesta positiva — Esta vez, acepto su ofrecimiento, gracias Juan en preocupar por mi familia.

Contentos, Hotaru y Juan se tomaron de las manos encima de la mesa cuadrada de la cocina.

—¿Cuánto avisaremos a toda la familia? —Preguntó Hotaru a su padre.

—Vaya llamándolos, mientras yo debo consultar con los colegas médicos para iniciar las investigaciones y preparar los ensayos clínicos— Respondió Souichi.

 

Al siguiente día, la familia Tomoe fue a la casa de la familia Vázquez, donde Juan y Hotaru preparaban en los cuartos vacíos los fotones es que había adquirido Souichi de una de las universidades privadas, donde realizaba sus labores de docente.

 

Varias semanas después, el desarrollo de las investigaciones médicas y los primeros experimentos científicos en animales fue ágilmente fructífero, dando resultados positivos en la creación, experimentación y aplicación del nuevo fármaco, cogiendo los ADN de las plasmas de Hotaru y de Juan, para contrarrestar al virus letal, e impedir su multiplicación o mutación.

Mientras tanto, en la casa de Juan, Hotaru y sus primas ayudaban al joven vecino del barrio Troya en contactar con su madre por vía celular, preguntando siempre al personal médico que la trataban en una de las camas de la unidad de cuidados intensivos de la Clínica Central, del cual, Cecilia estaba en estable estado de salud.

 

Pasada la tercera semana del regreso de las guardianas de Europa, Fuu y Lázuli decidieron ir a Alemania, la primera, para continuar sus estudios, la segunda, para definir sus trámites, sea para poder conseguir trabajo, o para acceder a los estudios.

En la facultad de medicina de la Universidad Superior Nueva Bacatá, con ayuda de médicos de todas las especialidades, se dio inicio a la fase del ensayo clínico al personal voluntario, para experimentar el antídoto formulado por Souichi Tomoe, ya que, en los ensayos realizados con animales, los resultados de inmunización fueron exitosos.

En la Clínica Central, donde está internada Cecilia, las esperanzas de recuperación de la paciente eran latentes entre el personal médico, quienes, en cada día, estuvieron pendientes para informar a Juan y cuidar a su madre.

A las horas de la noche, Souichi regresaba agotado, montado en un taxi hacia la casa de Juan, donde estaban todos los presentes.

Al ingresar, sacó el tapabocas quirúrgico que usaba, se sentó en una de las sillas plásticas, para descansar de sus labores; todos los que estaban en la casa estuvieron atentos frente a lo que el científico dijera.

—Hoy tuvimos un día agotado, pudimos comenzar con el primer ensayo de vacuna experimental al personal médico y a los estudiantes de medicina, no sólo de la facultad, sino también al hospital universitario y al personal de las demás unidades de salud, donde atienden a pacientes infectados con el virus letal, con muchos salió bien, pero no con los que tuvieron situaciones críticas como Cecilia, de quien me dijo que en las últimas horas tuvo problemas respiratorios y cardíacos… No se sabe, ¿cuándo podrá resistir? — Explicó serio Souichi.

Todos se quedaron callados, un minuto después, Hotaru miró al rostro melancólico que expresaba Juan.

—¿Qué piensas Juanito? — Preguntó Hotaru.

—Creo que ahora estaré solo, durante el resto de mi vida— contestó Juan, frunciendo el ceño.

Hotaru abrazó a su mejor amigo, cerró sus ojos ante las miradas cabizbajas de sus tíos y sus primas.

—No estás solo mi amor… Aún hay esperanza para vivir, no desfallezcas jamás… Mientras mi familia esté acá, te acompañaré siempre…— manifestó en tono dulce Hotaru, sintiendo cada vez más atracción hacia su triste amigo.

 

A la mañana siguiente, una llamada era atendida por Juan, para recibir una noticia que dejó su mente en blanco, colgó la bocina inalámbrica y salió de la pieza de su madre, dejando intacto el lugar, tal y como dejó Cecilia, en el momento de ir enferma a urgencias.

—Me avisaron que mi mamá acabó de fallecer, hace treinta minutos.

Publicado para el medio alternativo Sitio Bagatela el 5 de enero de 2022.

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