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Concurso de Lanzamiento del Catálogo de Platería de Museo Colonial

Fotografía: Museo Colonial

Para celebrar la publicación del más reciente catálogo del Museo Colonial, te invitamos a participar en este concurso para ser ganador o ganadora de un ejemplar del CATÁLOGO DE PLATERÍA.

Viernes 31 de enero a jueves 20 de febrero de 2020

¡Participa y gana un CATÁLOGO DE PLATERÍA del Museo Colonial!

Dinámica del concurso

  1. El viernes 31 de enero, día de inicio del concurso, publicaremos en Instagram diez (10) imágenes de la colección de platería del Museo Colonial. Cada participante elegirá una de esas imágenes y, a partir de ella, escribirá un cuento de cien (100) palabras inspirado en la pieza seleccionada.
  2. La anécdota del cuento puede ser realista, fantástica, futurista, costumbrista, de ficción, de tema amoroso o de cualquier naturaleza que elija el escritor o escritora. Puedes poner a volar tu imaginación.
  3. Los participantes enviarán sus cuentos a través de mensaje directo al perfil de Instagram @museocolonial, con plazo límite el lunes 10 de febrero a las 5:00 p.m.
  4. El martes 11 de febrero, se publicarán todos los cuentos, cada uno en una publicación independiente. El público podrá votar por su favorito dando “Me gusta” hasta el jueves 20 de febrero, a las 11:59 p.m. Las 10 publicaciones con mayor cantidad de “Me gusta” serán las ganadoras.

El viernes 21 de febrero publicaremos el listado de ganadores y ganadoras. Quienes resulten elegidos nos contactarán a través de mensaje directo al perfil de Instagram indicándonos sus nombres y apellidos completos y confirmando su asistencia al lanzamiento del catálogo.

Fechas a tener en cuenta

  • 31 de enero a 10 de febrero: Envío de cuentos cortos
  • 11 de febrero: Publicación de los cuentos
  • 11 de febrero a 20 de febrero: Periodo de votaciones
  • 21 de febrero: Anuncio de ganadores

Normas del concurso

  1. Los ganadores y ganadoras se comprometerán a asistir al lanzamiento del Catálogo de Platería del Museo Colonial, que tendrá lugar el jueves 27 de febrero de 2020 a las 4:00 p.m., en el Auditorio del Museo Colonial, ubicado en la Carrera 6 # 9-77, Localidad La Candelaria, centro histórico de Bogotá.
  2. El concurso se realizará únicamente a través del perfil de Instagram del Museo Colonial: @museocolonial.
  3. Junto con enviar su cuento, cada concursante deberá dar “Me gusta” a las últimas tres (3) publicaciones de dicho perfil.
  4. Los ganadores deben firmar el formato de autorización de publicación de la obra al cual pueden tener acceso dando click aquí. Una vez diligenciado, debe enviarlo al correo: jcardenasu@mincultura.gov.co
  5. Los colaboradores de los museos Colonial y Santa Clara no podrán participar en el concurso.
  6. A cada ganador o ganadora se le hará entrega de un ejemplar del Catálogo de Platería.
  7. El premio solo podrá reclamarlo el ganador o ganadora, terceros no podrán recibirlo en su nombre.

 ¡Anímate a participar y a llevar contigo el nuevo catálogo del Museo Colonial!

Click aquí para más información sobre el evento de lanzamiento.

Ministerio de Cultura

Carrera 8 No. 8 – 55

Bogotá, Colombia

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Postúlese a esta convocatoria de talleres de Escritura Creativa en Bogotá (desde Conexión Capital)

Desde Conexión Capital publican la siguiente noticia:

Postúlese a esta convocatoria de talleres de Escritura Creativa en Bogotá

La Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, y el Instituto Distrital de la Artes abrió la convocatoria para los interesados en aprender Escritura Creativa. Los talleres sobre novela, poesía, cuento, crónica y narrativa gráfica son completamente gratuitos. Las inscripciones estarán abiertas  hasta el 31 de enero de 2020 a las 5:00 p.m.

El cronograma de estas actividades es entre febrero y julio, los talleres se distribuyen en 20 sesiones de 4 horas a la semana, para un total de 80 horas presenciales y se dictarán los sábados entre el 8 de febrero y el 11 de julio de 2020.

El objetivo de este programa es estimular la producción literaria de nuevos autores, transmitir instrumentos teóricos y prácticos para el desarrollo de procesos de escritura creativa y explorar las claves de la escritura mediante lecturas, ejercicios de taller y encuentro con lectores calificados, en cinco géneros literarios específicos.

Los interesados deberán inscribirse en los formularios habilitados en la sección de literatura del portal Web de Idartes.

Para leer completa esta noticia, pueden ir al enlace de Conexión Capital: https://conexioncapital.co/postulese-a-esta-convocatoria-de-talleres-de-escritura-creativa-en-bogota/

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Cuento: Gruta Residencial

GRUTA RESIDENCIAL 

Por: Juan Carlos Quenguan Acosta

 

Cierto día, hacia las colinas del altiplano llegaba de un extenso y arduo viaje una pareja de gorrioncillos en una mañana tempranera de rocíos cayendo de hoja en hoja. Los enamorados querían salir de la tediosa rutina que mostraron sus padres y luchar por sí mismos en un sector de árboles nativos. 

El lugar contemplado era adecuado para vivir en plena libertad, rodeado de helechos, plantas exóticas, suelo de tapete verdoso natural y altos árboles que sólo son superados por la majestuosidad de las montañas guardianas. 

La pareja recorrió diferentes hogares, cuyas arquitecturas en las ramas resistentes eran de diferentes formas y colores naturales, derivadas del sector ambiental; unas más llamativas y otras sencillas. 

Tras pasar por dicho lugar, al gorrioncillo se le ocurrió una ingeniosa idea: 

Amor, ¿por qué no construimos nuestra casita, grande y original que nos identifique de los demás? 

¿Estás loco? — cuestionó dudosa la gorrioncilla. 

Para nada respondió ilusionado su enamorado, acariciando su pequeño pico sobre el lado derecho del buche de su hembra, agregando sabes bien que estamos juntos en nuestra aventura. 

La hembra reflexionó ante lo dicho por su macho y luego aceptó. 

Nubes oscuras invadieron sobre las montañas a las horas de la tarde, cubriendo el lugar. Las primeras precipitaciones daban aviso a todas las aves residentes, quienes se refugiaron en sus respectivos nidos, cubriéndolos de hojas frescas. Sin embargo, la intensidad de las lluvias inundó dichos hogares para dar mayor peso y romper las ramas, causando a las asustadas familias en ir rápidamente a refugiarse ante los angostos e incómodos tallos. 

Por su parte, los gorrioncillos se internaron en la primera gruta que encontraban, donde vieron con gran temor a un oso de anteojos, quien sentado e inmóvil contemplaba la lluvia. 

No se asusten, no les haré daño… habló humilde el mamífero, con tono suave Si quieren, pueden estar en mi cueva durante el tiempo que quieran. 

¿Cómo nos puede garantizar?  preguntó asustado el joven gorrioncillo. 

Soy huérfano, no me gusta molestar a mis vecinos y quiero ser amable, a pesar de mi tamaño respondió sonriente el oso.  

Cesó el tiempo invernal, las nubes continuaron con rumbo de los vientos atmosféricos. 

La mayoría de los residentes reunidos lamentaron sobre el estado deplorable de sus nidos y el riesgo de vivir en ellos. Ante esas quejas, el gorrioncillo tomó la palabra: 

Quiero proponer en que todos construyamos nuevos nidos en las cuevas, ya que ustedes saben de estas complicadas condiciones. 

¿Cómo? Si ese oso no quiere que estemos viviendo en esa enorme cueva cuestionó molesta una urraca. 

Es sencillo, porque hablamos sinceramente con el oso contestó la gorrioncilla lo único que quiere es ser un buen vecino, que nos ayuda y nos apoya… 

¡Que el oso se manifieste, ahora!  exclamaron las aves presentes. 

Ante dicho clamor, el imponente oso salió de su gruta, caminó lentamente, miró a todos, se sentó frente los gorrioncillos y esbozó una leve sonrisa de su hocico. 

Hola, tal y como dijo mi amigo, deseo que todos construyan sus nuevos hogares en mi cueva, para que puedan vivir de manera pacífica. Yo estoy de paso, por lo cual, quiero que ustedes se apropien de mi cueva  dijo sincero el oso. 

Todas las aves mostraron asombro ante las declaraciones serias de un humilde oso y todos aceptaron la propuesta. 

Tres meses después, la gruta estaba poblada de diferentes nidos, donde inalterados calentaban las tiernas crías que nacían. El oso dormía en el más profundo rincón, donde se levantaba para saludar a su entrañable amigo, quien cada día traía gusanos de todo tipo para servir como cena de sus tres hermosos hijos. 

Quiero avisarte que me iré de viaje con mi compañera para encontrarnos con mis padres, para invitarlos. Por ello, te pido que cuida bien de mis retoños pidió el gorrioncillo. 

Claro, no hay problema, ¿cuánto se van a demorar?  preguntó el oso. 

Después de luna llena, regresaré respondió el sonriente papá. 

Al día siguiente, la pareja partió del lugar despidiendo de sus vecinos para ir de viaje y reencontrarse con sus padres. 

Transcurrieron dos semanas y un torrencial aguacero, cuyas precipitaciones caían como chuzazos, acompañados por fuertes ventarrones que sacudían las ramas de los extensos árboles. En ese momento, un pájaro copetón llegó a la gruta mojado, cansado, angustiado. 

Necesito que me ayuden… 

¿Qué le pasa?  preguntó una de las aves. 

Mis hijos… Están atrapados después de que cayera uno de los árboles a mi nido… ¡Necesito ayuda!  gritó desesperado el copetón. 

De inmediato, el oso se levantó de un solo brinco, pidió al copetón que cuidara de las crías del gorrioncillo y corrió con sus cuatro pesadas patas hacia el lugar del accidente. Minutos después cayó una fuerte descarga eléctrica hacia el lugar, acompañada por el fuerte rugido de la tormenta, asustando a todas las confundidas aves, resguardadas en la cueva. 

Amanecía el sol radiante entre las nubes en forma de algodón, con ello llegaba la pareja de gorrioncillos, acompañados por sus orgullosos padres, ya que pactaron para olvidar las travesuras y conocer el hogar que conformaron. Tras ingresar a la gruta, todas las aves residentes, tristes y melancólicos se acercaron hacia ellos. 

¿Por qué nos reciben tan callados? ¿Dónde está nuestro amigo?  Preguntó confundido el gorrioncillo. 

El copetón se acercó hacia el cuarteto de gorrioncillos, para explicar todo lo sucedido. Al estar enterados, el gorrioncillo dejó a toda su familia y junto con el copetón fueron en busca del lugar. Tres horas más tarde, ambos regresaron a la cueva, acompañando a los pequeños copetones. Todos preguntaron preocupados por el paradero del oso de anteojos. 

Encontramos el árbol caído, partido en dos; con ello al cuerpo de nuestro amigo caído boca abajo sobre el lodo… Falleció protegiendo con su cuerpo a las crías que salieron ilesas… Contó triste el gorrioncillo. 

¿Podemos verlo?  preguntaron varias aves penosas. 

Imposible… Cuando sacamos a las pequeñas crías, llegó una bandada de cóndores para coger a nuestro amigo, me interpuse ante ellos para que lo dejaran tranquilo, pero el más joven se me acercó y me manifestó: “La vida es así, mi grupo lamenta la muerte de su amigo, el ya no está, solo es un alimento para nosotros… Si quiere, puede despedirse de su amigo, nosotros aguardaremos…” Triste, me acerqué para dar la última despedida a mi amigo oso, saqué la última cría que estaba atrapada y antes de irme con el compañero y su familia, el mismo joven cóndor, que lo llamaba la bandada como el soberano, me comentó: “Sabemos que usted y las demás aves viven en la gruta del oso, si el oso manifestó que la gruta es de ustedes, entonces les dejó como herencia, para que de ahora en adelante será la gruta residencial de todas las aves encabezadas por usted”. 

Después de ello, en honor al oso de anteojos, la familia de gorrioncillos y los demás hogares de aves se convirtieron como los habitantes de la gruta durante el resto de sus vidas. 

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Cuento: Peligroso mandado.

PELIGROSO MANDADO 

Por: Juan Carlos Quenguan Acosta 

 

—Las calles son peligrosas por la noche —dijo el padre mientras miraba con su hijo una serie animada en el televisor, sentados sobre el sofá de la pequeña sala. 

La casa donde vivían era una edificación antigua de tejado artesanal. Siguieron viendo en silencio, concentrados en el episodio de la animación. El padre estaba agotado de su trabajo como prensista de una lavandería ubicada al sur de la ciudad; el trayecto era largo. 

—Después de que te gradúes de bachiller, montaré un asadero de pollos, para que comiences en manejarlo, ¿te gusta la idea? —habló el padre. 

—Sí papá, pero… también me gustaría colaborar en las labores de los líderes comunales… 

—No. Lucho, tu madre ya te había dicho que no te metas en esos asuntos. Todos ellos viven amenazados por esas pandillas. 

—Pero no tengo que meterme en todo —aclaró el hijo—, ¿podría trabajar en la Junta de Acción Comunal y organizar las Fiestas de Reyes? 

—Nada de eso, Lucho. Más bien dedícate a tus estudios.  

Molesto, Luis se levantó del sofá, caminó hacia su pequeño cuarto y se encerró. 

A la noche siguiente, el padre llegó exhausto de otro día laboral, fue hacia la cocina donde la madre estaba preparando la cena, cogió una de las sillas plásticas rasgadas para sentarse en ella y descargar su maleta de cuero encima de la mesa cuadrada de madera oscura de manchas ocasionadas por agua y jabón. 

— ¿Cómo te fue “pecucho”? —preguntó sonriente la madre. 

—Bien, gracias a Dios —respondió el padre. 

—Supe por los vecinos que los jóvenes del barrio quieren dialogar con la comunidad este domingo en la iglesia —dijo la madre mientras servía en un plato mediano la cena de arroz y frijoles con chicharrón carnudo. 

—Qué bueno por ellos… Lo que me preocupa es: ¿si esas pandillas de verdad quieren arreglar el barrio? Porque lo dudo mucho. 

—Sí, y me preocupa que Lucho sigue insistiendo en meterse con ellos. 

—Lo sé, ayer le dije que no. 

—A propósito… Voy a llamarlo para que me haga un mandado.  

La madre salió de la cocina y caminó, pasando por dos pequeños patios conectados por cinco escalones de cemento, cuya capa de rojo carmín era destrozada de a pedacitos  por el paso de las lluvias; hasta llegar al pequeño cuarto donde estaba Luis. Parada al frente de la puerta metálica recién pintada de blanco por la marcada de la desgastada brocha, golpeó tres veces con los dedos. 

— ¡Lucho! Necesito que me haga un mandado. 

— ¡Ya voy mami! —contestó el joven. Estaba haciendo una tarea que había dejado la profesora del Liceo. 

Pocos minutos después, Luis abrió la puerta y caminó a pasos largos hacia la abierta puerta de la cocina, para quedar en frente de ella. 

—Buenas noches papá. 

—Buenas noches Lucho, ¿cómo te fue en el Liceo? 

—Muy bien, estoy contento porque me han dado muy buenas calificaciones, ahorita estaba terminando con la tarea de sociales. 

—Está bien que seas aplicado y disciplinado… —felicitó el padre. 

—Necesito que me hagas un favor… —dijo la madre— Quiero que compres quinientos de pan, para el desayuno de mañana. 

La madre secó sus manos mojadas de preparar el arroz con la toallita de la cocina, metió su mano derecha al bolsillo de su pantalón y sacó unas monedas para entregarlas a Luis. 

—Por supuesto mamá. 

—Espera Lucho —pidió su padre—, yo también quiero que me compres quinientos de mogollas negras, de las que más me gustan. 

El padre sacó del bolsillo izquierdo de su chompa una billetera ejecutiva, después buscó un billete de mil pesos, lo sacó y se lo entregó en las manos de Luis. 

—Perfecto papá. 

—Pero me da las vueltas. 

Al instante, Luis cogió las monedas de la madre y las entregó al padre. 

— ¿Así está bien?  

—Bien. 

El joven salió de la cocina, con pasos largos cruzó los dos patios y bajó por los escalones hacia el portón metálico, pintado de rayas blancas y azules, marcado por dos pequeños agujeros, para abrirlo dejando el portón a medio abrir, luego bajó corriendo por la inclinada calle empedrada, pasando por cinco casas antiguas de paredes blancas, manchadas de letras oscuras y deformes de aerosol que sólo expresaban los jóvenes del sector. 

Al ingresar a la tienda sin nombre, el joven miró de reojo los productos clasificados en los stands de madera, que estaban desde mediados del siglo XX. 

—Buenas noches don Vicente, ¿me puede dar quinientos de pan y quinientos de mogollas negras? 

—Con mucho gusto —respondió el tendero de bigote y cabello blanco con amabilidad, aspecto incomprendido por los jóvenes del sector, pero lo admiraban. 

En ese momento, Luis se percató que al frente de la calle empedrada caminaban a pasos largos cuesta abajo un grupo de cinco adolescentes. Portaban camisas oscuras y los jeans les cubrían los zapatos deportivos blancos manchados de color terracota. Se murmuraban serios con tonos desafiantes, como si no les gustaban lo que les ofrecía la vida. 

En casa, los padres de Luis continuaban hablando de su hijo. Recordaban el diagnóstico de discapacidad cognitiva leve, que años atrás el médico había dado del niño; preocupante razón para temer que Lucho no comprendiera los peligros de meterse con los líderes comunales. 

Mientras tanto en la tienda, Vicente empacaba los panes frescos y las mogollas duras en una bolsa plástica de rayas pasteles. Después, se la entregó a Luis, quien a su vez dejó el dinero en las manos arrugadas del tendero. 

—Gracias don Vicente —dijo Lucho. 

—De nada y saludos a su papá. 

El joven se disponía a salir de la tienda, cuando escuchó un disparo que lo hizo arrinconar hacia la puerta. Luego sonaron otros tres disparos y el zumbido que dejó el vuelo de las balas. 

Alarmado, Vicente salió del mostrador y cogió a Luis por el brazo izquierdo. 

— ¡Rodrigo! ¡Cierra la puerta! —gritó Vicente. 

Apareció corriendo un adolescente, salido de cenar y cerró la puerta de la tienda con brusquedad. Lucho intentó soltarse de la mano fuerte del tendero. 

—Es peligroso, no salga —le advirtió Vicente. 

—Tengo que ir a mi casa y entregar este mandado a mis papás —gritó Luis asustado. 

— ¿No ve que lo pueden matar? 

Luis no sabía qué hacer, se tiró al piso sin soltar la bolsa con los panes y las mogollas. 

Cinco minutos después, tras el correteo de los jóvenes pandilleros, la calle quedó vacía. En ese momento, Rodrigo se asomó por una ventana con barrillas oxidadas y revisó a lado y lado de la calle. 

—No aparece nadie —dijo Rodrigo. 

—Acompañe al niño hasta la casa —pidió Vicente. 

Rodrigo cogió un palo de escoba para defenderse, aunque no habría servido para detener una bala; fue a la puerta, la abrió e invitó a Luis para que lo acompañara. 

Ambos salieron de la tienda y caminaron cuesta arriba por la calle empedrada hacia la casa, donde los padres de Luis lo esperaban angustiados. Cuando lo vieron entrar, lo abrazaron y lo ingresaron a la casa. 

—Muchas gracias por acompañar a mi Lucho —agradeció la madre a Rodrigo. 

—No hay de qué señora, con permiso. 

El padre entró a su cuarto. La madre cerró la puerta con llave y pasador, mientras tanto Luis subió por las escaleras, pasó por los patios hasta llegar a la cocina, dejando los panes por encima de la mesa. Después llevó la bolsa de las mogollas a la pieza del padre, quien estaba sentado sobre la cama. 

—Papá, aquí están las mogollas que me encargó. 

— ¿Si ves por qué no puedes meterte con los líderes del barrio?  —preguntó serio el padre, sin mirar a su hijo. 

Luis dejó la bolsa en la cama de su padre y sin decir una sola palabra, salió de la pieza, caminó hacia su cuarto, cerró la puerta y se sentó al borde de su cama. 

Dos minutos después, la puerta del cuarto de Luis se abrió, era la madre, se acercó a su hijo, se sentó a su lado derecho y lo abrazó con fuerza contra su pecho. En ese momento, Lucho estalló en llanto. 

—Lucho, tú no tienes la culpa —dijo la madre— Tu padre lo hace por tu bien. 

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Cuento – Fanfic: Lágrimas rojas.

NOTA DEL AUTOR: Este cuento está basado de los últimos capítulos del manga Tsubasa Reservoir Chronicle de las CLAMP.

Lágrimas rojas. 

Por Juan Carlos Quenguan Acosta 

La madre y su hijo entraban a un hospital distrital. 

El joven, incómodo por el dispositivo plástico en forma de cono que cubría su ojo derecho, quería sentar en una de las sillas de la sala de espera. 

Abrió la puerta, era una enfermera que tenía acumulación de estrés cuando saludaba con poca amabilidad. 

—Buenas tardes señorita —saludó desesperada la madre. 

—Buenas tardes, ¿viene para una cita de control? —preguntó la enfermera. 

—Sí… Sucede que después de la cirugía que hizo el doctor al ojo derecho de mi hijo, él se siente mal, con calentura en el rostro y con molestias en el ojo cuando hace algún esfuerzo para comer. 

—¿Cuál es el nombre del paciente? —la enfermera cogió una carpeta plástica rayada de color azul donde estaba el listado de citas de control. 

—Juan Carlos… 

El joven sentado escuchaba su nombre, más no el apellido, porque lo único que pensaba era en aquella serie de animación japonesa que lo veía por internet. Como no pudo terminar de ver la serie por los preparativos de la cirugía y la realización de la cirugía ambulatoria, siempre imaginaba en lo que podría ser la continuación de la serie. 

Dos minutos después, la enfermera llamó a la madre para que ingresara cuidadosamente al joven dentro del consultorio de oftalmología.  

El chequeo se realizó, usando los equipos especializados para el ojo por el oftalmólogo, quien preocupado avisó a la enfermera: 

—Señorita, remite de manera urgente al paciente a la sala de urgencias.  

—En camino —respondió la enfermera.  

—¿Qué le está pasando a mi hijo? —Preguntó angustiada la madre, sintiendo un escalofrío en su estómago.  

—Señora, su hijo ha sido contagiado, presenta inflamaciones dentro y fuera del ojo, toca remitirlo a urgencias ahora.  

El miedo interno de la señora hizo que saliera uno de los mayores desesperos de su vida.  

—¿Dónde queda la sala de urgencias?  

La enfermera de baja estatura y cabello corto hasta la nuca de color ocre, acompañó a la señora y a su hijo hacia la unidad de emergencias del hospital.  

La madre, desesperada por llevar de brazo a su hijo. 

Confundido Juan Carlos, veía que el día se oscurecía en el hospital, sintiendo que estaba en un lugar oscuro y frío. 

Llegaron a urgencias, se sentaron en las sillas plásticas y esperaron en un lapso de quince minutos, para que el joven fuera llamado por el médico, quien los condujo de una vez a su consultorio, para el básico chequeo al estado de salud de Juan Carlos. 

Después del chequeo, los condujo a la sala de urgencias, donde la madre y su hijo esperaron otros veinte minutos. 

En ese momento, Juan Carlos entró en un congelado estado mental: no veía, ni manifestaba, mucho menos en dar un gesto. 

El deseo de entrar en la imaginación de su serie favorita era tan fuerte, que lo hizo ingresar a una panorámica visual de un reino desértico, con pocos habitantes en estado de pobreza parcial. 

“No puedo creer… Estoy en el reino donde provino la princesa...” Pensó asombrado Juan Carlos, quien caminando a pasos largos llegó a la pequeña ciudad, capital del reino. 

Los habitantes de aquel sector realizaban los preparativos de una fiesta. 

El joven miró a su paso cada casa, cada esquina, cada lugar; de repente contempló que alguien se acercaba de frente, era una niña. 

—Hola, te regalo esto… —saludó sonriente la niña, ofreciendo un durazno. 

—¿Para mí? —preguntó sorprendido Juan Carlos —Pero si yo no te conozco, además, pensé que hablaban en otro idioma… 

—¿Qué es idioma? —La niña no entendía ante lo que decía Juan Carlos. 

—No, nada, gracias —agradeció el adolescente, recibiendo el jugoso durazno — ¿Cómo te llamas? 

—Me llamo Rika, ¿y tú? 

—Juan Carlos, pero mis familiares me llaman Juanca. 

—¿Vienes a la fiesta de cumpleaños que haremos a nuestra princesa? 

—Por supuesto, pero me gustaría saber: ¿Dónde queda la entrada del palacio? 

—¿Para qué? 

—Me enteré que pasaron varios acontecimientos, de los más raros que nadie lo iba a imaginar, ya que un grupo de viajeros fueron a preguntar por la princesa… 

La niña comenzó a relatar aspectos del reino ante el joven desconocido, quien comprobaba sobre la historia de la princesa y los viajeros en su serie favorita, de pronto surgió una inquietud. 

—¿Sabes a dónde fueron los viajeros? 

—Pues… No lo sé… —respondía dudosa la niña, tratando de recordar algo —Recuerdo que ellos buscaron en uno de los callejones… Creo que era ésta —Rika indicó con el dedo índice de su mano derecha hacia un callejón angosto que no tenía salida. 

—Gracias Rika, por ahora estoy buscando un lugar para alojarme —agradeció Juan Carlos. 

—Si quieres Juanca, te puedo recomendar uno. 

—Muchas gracias, pero quiero buscar por mi propia cuenta, después te acompañaré a la fiesta. 

—¿En serio? ¡Gracias! —exclamó sonriente la niña, quien regresó a la plaza, para ayudar a su madre en vender frutas. 

El joven caminó por todas las calles polvorientas del pueblo, cuyas partículas de arena y mugre que se levantaban al aire no ingresaban a sus ojos. Después de terminar una vuelta de recorrido, caminó rumbo al callejón sin salida que mostró la niña. 

Al acercarse hacia el callejón, ésta se abrió, formando un túnel oscuro. “Estoy seguro que los viajeros pasaron por este lugar”, pensó curioso Juan Carlos, quien decidido ingresó al túnel. 

Al entrar, contempló una escena dantesca que nunca vio en la serie: Todo un conjunto de universos, resquebrajándose entre ellos, con fuertes ventarrones en forma de torbellinos, rompiendo de manera frecuente diversas paredes de cristal. 

El temor empezó apoderarse de Juan Carlos, quien no sabía qué hacer, sólo corrió hacia un espacio donde podía alojarse de los fuertes torbellinos. Cerca del lugar contempló a dos de los viajeros luchando contra un oscuro personaje de túnica negra, llevando plasmado un escudo en el pecho, que el mismo joven lo reconoció. 

“Es el malvado brujo… Entonces sí lo encontraron…” Murmuró Juan Carlos, quien observaba detenidamente la apoteósica escena. 

Un poco más lejos, el más joven de los viajeros trataba de lanzarse, para poder rescatar a una persona, quien estaba arrapada en medio de una extendida columna de remolinos oscuros. “Pero si es… La princesa…” Pensó el joven, quien se acercaba más hacia el lugar, sin que nadie percatara su presencia, parándose detrás de una columna rota. 

El brujo conjuró un hechizo para rasgar el lugar, dando resultado a fragmentar la parte alta del lugar en pedazos de cristales, resquebrajando las diferentes dimensiones, mostrando el espacio infinito del universo.  

“Esto no está bien, debo hacer algo…” Pensó Juan Carlos. 

Uno de los viajeros sacó su filosa espada del estilo japonés e intentó atacar frente al brujo, quien esquivó ágilmente ante los ataques del espadachín, después expulsó un haz de luz morada, para lanzar al atacante, quien cayó al piso. 

El otro viajero hizo crecer las uñas negras de sus manos que contenían veneno de vampiro, para poder atacar de lado derecho del cuerpo del brujo, logrando arañar la oscura vestimenta que portaba. El brujo dio un giro de ciento ochenta grados de su eje y con una patada voladora, golpeó la nuca del viajero, para que tambaleara y cayera al suelo. 

El oscuro personaje emprendió su impedimento del rescate del joven a la princesa, sin embargo, sintió en su cabeza un golpe de piedra puntiaguda, del tamaño de una mano adulta, enojado miró por varios lados y supo que el joven estaba parado, estático y asustado a la vez. 

—Supuse que un joven del otro mundo interrumpiera, ¿quiere que lo mate? —preguntó molesto el brujo. 

Con una acumulación de temor interno en su cuerpo, Juan Carlos no sabía cómo responder ante el oscuro personaje. 

—No… No… ¡No quiero que usted controle este maldito círculo de acontecimientos! —gritó rabioso el joven. 

—¡Esta historia no es suya! —respondió airado el brujo. 

—¡Ni tampoco la suya, viejo asqueroso! 

El brujo sonrió malévolamente y caminó a pasos largos hacia el asustado joven, quien a su vez retrocedía como podía. 

—Sé lo que quiere de mí, pero nunca me vas a matar, ni en esta vida ni en la otra —dijo valiente Juan Carlos, quien nunca había experimentado un suceso que cambiaría la historia. 

—Si vino para que lo desapareciera, con mucho gusto concederé su petición, pero no sólo a usted, sino también a su madresu barrio, su ciudad, su país, su planeta. Porque yo influencié para que las creadoras de esta historia se amargaran al escribir y hacer que esto sea interminable, bajo mi propio control, para que nadie pueda derrotarme —decía con voz tenebrosa el oscuro brujo. 

El miedo hizo que Juan Carlos cayera al suelo de piedras deformes, trató de levantarse, no sabía qué hacer, pero algo por dentro de su corazón salió para que mostrara su coraje. 

—¡No moriré! Porque soy el señuelo para que el viajero y la princesa lo derroten. ¡Ya no tiene escapatoria! —gritó decidido el joven. 

En ese instante, una fuerte corriente de energía mágica, en forma de haz de luz blanquiazul lanzó de espaldas al brujo, para golpearlo contra una de las paredes rocosas. Juan Carlos se dio cuenta que el viajero rescató a la princesa, para que ambos conjuraran el ataque de energía. 

Los dos viajeros se levantaron animados, para lanzar frecuentes ataques a un brujo confundido. Fuertes ráfagas de viento venían en todas direcciones, levantaban los pequeños trozos de cristal, para llevarlos al agujero destrozado en forma de tornado. 

Uno de los trozos de cristal penetró al ojo derecho de Juan Carlos, que al sentirlo como un molestoso mugre, frotó con su mano derecha al ojo, empezando a salir como reacción unas lágrimas transparentes, que en segundos se volvieron rojizas. El joven sintió un susto escalofriante tras ver la caída de su llanto. 

“¿Qué me está pasando?” Preguntó ensimismado Juan Carlos. 

Sin ver claramente la situación vivida, sintió que una suave y cálida mano tocó el ojo derecho. 

—Tranquilo, todo estará bien —dijo una dulce voz femenina, conocida para mayor sorpresa del joven. 

—¿Eres tú, princesa? —preguntó Juan Carlos 

—Sí, lo soy, te estuve viendo cuando sabías de mi trágica historia… 

—Pero tu voz es parecida al de la chica de las cartas mágicas —manifestó sorprendido Juan Carlos. 

—Porque, soy la esencia de ella cuando me viste hace cinco años, desde el televisor de tu casa —respondió sonriente la princesa. 

La hermosa joven de cabello corto hacia la nuca sacó su delicado mano del ojo del sorprendido joven, ya que no salió más lágrimas. 

—Te pido un favor… Con el malvado brujo derrotado y desterrado de nuestras dimensiones, quiero que me lleves a donde está mi ser amado. 

Juan Carlos asintió, mostrando su sonriente rostro, se levantó, cogió el delicado brazo derecho de la princesa y formó un gancho de brazos, tal y como lo hizo para llevar a su madre de paseo; para llevarla a donde estaba el joven viajero, quien mostraba dolor y fatiga después de la confrontación. 

Los enamorados se abrazaron, lloraron de felicidad, cuyas lágrimas caían como manantiales del rocío. Luego, la princesa se volteó para mirar al contento Juan Carlos. 

—Ven… —pidió la princesa para que el joven se acercara —A nombre de todos, te doy las gracias por acompañarnos en esta aventura. 

—No es nada… —contestó ruborizado Juan Carlos. 

—Eres de los pocos que siguió nuestra historia, que para muchos lo consideraban ficticio, pero para nosotros es real —dijo agradecido el viajero. 

—Es importante que sepas que tu madre y tus seres queridos te aprecian, es bueno que entienda nuestra historia, pero más bello sería que te dejaras llevar por aquellos que te acompañen en toda tu vida —comentó amigable la princesa con todo suave. 

Tras escuchar, el rostro de Juan Carlos tornó a un semblante sereno y melancólico, de repente, varios recuerdos más lindos de su niñez con la familia salieron de su mente en forma de luz proyector ante una de las paredes deformes. 

—Es verdad… Por enfocarme en ustedes, dejé de convivir amigablemente con mi familia, todo por las peleas entre mis padres, echándome siempre la culpa de todo lo malo que ha pasado en mi casa… —contaba sincero Juan Carlos. 

—Sabemos que tus padres te quieren, hable con ellos, en especial hoy, cuando has perdido algo de ti… Las lágrimas rojas que derramaste es la muestra de lo que perdiste… —dijo la princesa, quien añadió —A mi amado y a mí perdimos nuestros recuerdos en un momento como éste, lo cargamos con mucho dolor a pesar de estarnos alegres, humildes, amables con las personas que hemos encontrado en nuestro largo viaje. 

Los tres viajeros y la princesa contemplaron con beneplácito ante un Juan Carlos amargado, quien no quería llorar más por las lágrimas manchadas de su ojo derecho. 

—Sé lo que sientes —dijo del joven viajero, quien agregó —tú y yo tenemos algo en común: vemos por un solo ojo y con el vemos el mundo que nos rodea, ese mismo mundo del cual puedes moldear, para construir tu propio destino. 

—Está bien —dijo Juan Carlos, tratando de aliviarse anímicamente. 

Después de hablar, el joven sintió algo cálido en los dos bolsillos de su pantalón jean oscuro, metió sus dos manos en ellos y sacó de cada bolsillo dos plumas resplandecientes de color rosado transparente. 

—Miren… No puedo creer que de los bolsillos rotos de mi pantalón tenga las últimas plumas mágicas —manifestó sorprendido Juan Carlos. 

La princesa y el viajero se impactaron al ver lo que llevaba Juan Carlos. 

—El último recuerdo que me faltaba —dijo la asombrada princesa. 

De una vez, Juan Carlos entregó ambas plumas a las manos de la sonriente princesa, sin embargo, una se escapó y voló hacia las manos del viajero. 

Pero, ¿cómo es posible?  —pregunto el espadachín. 

—Yo tampoco lo entiendo —manifestó dudoso el joven viajero. 

—Ese recuerdo es el que complementaba al ojo del joven viajero, el tuyo —comentó el tercer viajero. 

Las plumas ingresaron mágicamente a los pechos de la princesa y del viajero, cuyos cuerpos resplandecieron como la luz del sol, dicho resplandor encegueció los ojos de Juan Carlos. 

—Es hora que te vayas, ya sabes de nuestro final —se escuchó la voz de la princesa. 

—Todos estará bien para ti y tus seres queridos, gracias por todo —se escuchó la voz del joven viajero. 

—¡Ánimo! —fue á última voz que se escuchó de la princesa. 

Todo se apagó ante los ojos de Juan Carlos, todo era oscuridad, no se sentía nada, no se veía nada. 

De repente, se escuchaba desde lejos el amargo llanto de una mujer, no se sabía quién era, ya que se suponía que perdió a su ser querido; después, todo volvió en silencio, ante la misma oscuridad que estaba inmerso Juan Carlos. 

El joven sintió que podía mover, por lo cual, solo abrió su ojo izquierdo, ya que el derecho lo tenía tapado por un cono plástico, cubierto por dentro de gasa y de cintas médicas. Sabía que estaba acostado encima de una cama, en posición cabeza arriba. Miraba su ojo izquierdo, moviendo por varios lados. 

En la habitación hospitalaria no se escuchaba ningún ruido, sólo sintió el leve sonido de los murmullos de la gente que pasaba por los acústicos pasillos. 

La puerta se abrió e ingresó una joven enfermera de cabello rubio oscuro hacia la nuca, pero el rostro no podía ser reconocido por el ojo izquierdo del paciente. 

—Buenos días —saludó sonriente la enfermera —¿cómo amaneció el paciente? 

—Buenos días, me siento pesado, con dolor en mis brazos, seguro que me chuzaron durante la cirugía… —respondió Juan Carlos. 

—Por lo menos, pudo descansar, no sólo de la cirugía, sino del trayecto que recorrió. 

—Pues… lo último que recuerdo era que estaba sentado en la sala de urgencias con mi mamá —recordó Juan Carlos. 

—¿Es lo único que recuerda? —preguntaba la enfermera, cambiando el suero, del cual estaba conectado el paciente. 

—Así es… 

Pero la pregunta de la enfermera dejó pensativo a Juan Carlos, quien recordó de la experiencia que vivió en aquella dimensión del reino desértico. La enfermera revisaba los datos del paciente, mostrando gracia en su tranquilo y relajado semblante. 

—Disculpe señorita… —habló Juan Carlos —¿por qué me preguntó sobre lo que recuerdo? 

—Por curiosidad… Si quiere, puede sentarse en la cama. 

El joven trató de levantarse lentamente, para sentarse encima de las arrugadas sábanas blancas, luego miró de nuevo el rostro borroso de la enfermera, quien la contempló con el esfuerzo de enfocarla, para recordar algo. 

—Quiero saber ¿cómo te llamas? —preguntó Juan Carlos. 

Sonriente, la enfermera acercó sus ojos al rostro del paciente. 

—Mi nombre no te puedo dar, estoy segura que tienes lindos ojos, que, al ser penetrados por alguna bacteria o un fragmento de vidrio de cristal, salieron esas lágrimas rojas, que fueron controladas por la princesa… —comentó misteriosa la enfermera, quien añadió —Supe del llanto amargo que expresó tu mamá por la pérdida de tu ojo derecho… Pero la vida debe continuar y eso depende de ti, Juan Carlos. 

El hermoso rostro de la enfermera era tan cercano de la distancia del rostro del paciente, quien entre sorprendido y asustado, la reconoció. 

—Eres la princesa… ¿por qué estas acá? 

—Porque quiero apoyarte en este poco tiempo, sé que tienes pocos amigos, ¿puede aceptarme como tu amiga en este tiempo? 

—Claro… —asintió Juan Carlos, quien sonriente cogió el suave rostro de la enfermera con su mano derecha, en forma delicada y sutil. 

—Tu familia vino a verte, por lo tanto, yo pasaré después para seguir hablando dicho ello, la enfermera cogió los implementos y salió del cuarto, dejando asombrado al paciente. 

Minutos después, ingresaron la mamá y una de las hermanas de Juan Carlos, quienes tranquilas ingresaron a la habitación hospitalaria, para saludarlo y preguntar acerca del estado de ánimo que tenía, después de la cirugía de emergencia y de la aplicación de antibióticos en las venas de los brazos del joven. Después, comentaron con total tristeza sobre la pérdida de visión del ojo derecho del joven, comentada por los oftalmólogos especialistas.  

—No se preocupen, estoy bien, si voy a mirar únicamente por mi ojo izquierdo, entonces lo aceptaré —comentó sereno Juan Carlos —lo único que quiero es ir a casa, donde la comida preparada sabe más exquisita que la comida incipiente que me dan en este hospital. 

Las familiares rieron ante la nueva actitud amable y cordial de Juan Carlos, para mostrar confianza. 

A partir de ese momento, Juan Carlos se quedó hospitalizado durante quince días, recibiendo una cirugía más para que le quitaran los puntos internos del ojo derecho, para revisar el buen avance del ojo afectado, cuya inflamación disminuyó significativamente, dejando el ojo más pequeño, sin sentido de vista y con rasgos de desprendimiento de retina. 

La misteriosa enfermera iba esos días para revisar el estado de salud físico y emocional de Juan Carlos. 

Pasados los quince días de hospitalización, cuando Juan Carlos comía a gusto el almuerzo empaquetado de bolsas y recipientes plásticos, la enfermera ingresó para dar una noticia: 

—Hola Juanca, aviso que hoy te darán de alta, pronto regresarás a casa. 

—¿Cuánto nos volveremos a ver? —preguntó nostálgico Juan Carlos. 

—Podemos hacer algo… Ya que yo tampoco estaré en este lugar y debo regresar a mi hogar —respondió la enfermera, a quien le planteó una idea para que ambos puedan encontrarse en los siguientes meses.  

La recuperación fue satisfactoria días después de la salida del hospital, ya que la familia de Juan Carlos consiguió el lente de contacto de aumento para el ojo izquierdo y una prótesis de réplica para el ojo derecho.  

Para el joven no era fácil adaptarse de nuevo a la vida cotidiana, por las constantes burlas de jóvenes transeúntes en las calles de la ciudad, quienes miraban a Juan Carlos como un objeto novedoso; y por las continuas citas y terapias de psicología y de desarrollo ocupacional para recuperar los reflejos y orientación. Muy pocas veces Juan Carlos reconoció y saludó a la hermosa enfermera, quien respondió mostrando su angelical sonrisa en los pasillos del hospital.  

Pasaron siete años de la infortunada cirugía de trasplante de córnea; la demanda instaurada por la madre de Juan Carlos contra el hospital era lenta y sin resultado favorable. El joven se graduó como tecnólogo en creaciones web y multimedia con todos los honores, a pesar de no obtener apoyo de una empresa para que le diera patrocinio.  

Desempleado, Juan Carlos iba casi todos los días a la biblioteca del Centro Histórico para leer libros referentes a la historia de la ciudad, sacar recortes digitales de periódicos antiguos que referían sobre las tradicionales Fiestas de Reyes Magos, y enterarse de los libros de cómics y mangas que ofrecía la biblioteca 

Un día martes, antes de aquel fin de semana de eventos de aficiones y pasatiempos en el centro de exposiciones de la ciudad, Juan Carlos se enteró por las novedades mensuales del portal web de la Biblioteca, el más reciente libro compilatorio de historietas manga que más le encantaba, por lo cual lo solicitó por la plataforma. Una hora después, fue a la sala general de la biblioteca, pidió el libro con el documento de identidad personal, el bibliotecario prestó el libro, el joven fue hacía una de las mesas de lectura, abrió el libro de forma inversa de los libros occidentales y comenzó en leer detenidamente cada viñeta de los últimos capítulos del manga.  

Las escenas finales que el joven estuvo en aquel lugar fueron plasmadas en los capítulos del manga, tal y como lo vivió. Supo que no sólo la princesa recuperó sus recuerdos, también la recuperó el joven viajero, quien se volvió a enamorar de su princesa amada. Sin embargo, el destino de los tres viajeros era viajar por las diferentes dimensiones y universos, cruel destino para la princesa quien tuvo que aceptar para quedar en su país, con su familia y todos los habitantes del reino desértico que volvió a prosperar.  

“Me pregunto, ¿por qué los finales son diferentes? Seguramente las creadoras de esta historia se dieron cuenta de lo confundidos que estaban sus seguidores… ¿Y eso qué importa? Me gusta esta obra inconclusa y me gusta que terminara así.” Pensó sonriente Juan Carlos.  

En las últimas dos hojas del libro de historietas manga, el joven lector vio algo que llamó la atención: 

Un día, la princesa camino hacia la gran biblioteca de la familia real, buscó entre los libros uno delgado de pasta sencilla de color verde, lo saco del estante, se sentó en el gran sillón, abrió el libro y con pasar su delicada y suave mano derecha sobre una de las páginas en blanco, escribió algo mágico: 

“Esta historia no fuera posible, gracias a todos los que creyeron en nuestra historia, ya que nuestras historias deben seguir. Agradezco en especial a aquel joven, quien nos acompañó en el momento más crucial en nuestras vidas y a quien lo ayudé después como enfermera.” 

“A ti te dedico mi historia, mi joven de lágrimas rojas.” 

FIN. 

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La historia de ‘Macario’ revive la obra de Rafel Pombo en un musical (Bogotá, Colombia)

La historia de ‘Macario’ revive la obra de Rafel Pombo en un musical 

En la foto: El actor, Lukas Kaskas, quien interpretará el personaje de Macario en 'Pombo, el musical'.

En la foto: El actor, Lukas Kaskas, quien interpretará el personaje de Macario en ‘Pombo, el musical’.

‘Macario’ es un niño de la Bogotá de 1840 que a través de su imaginación, al caer en un estado febril a causa del cólera, revive las fábulas de Rafael Pombo. Este musical de gran formato estará en el Teatro Colón del 6 al 29 de diciembre con una historia que llegará al corazón a todos los asistentes.

El joven actor, músico y cantante colombiano, Lukas Kaskas interpretará el personaje de Macario en ‘Pombo, el musical´, una idea original de Carlos Vives con más de 30 artistas en escena que reúne la música, la danza y la actuación para construir un universo de aventuras con Rin Rin Renacuajo, La Pobre Viejecita, Simón el bobito, entre otros personajes de Pombo.

“Macario es un niño divertido y feliz, que ama la vida, y a su familia, que estima mucho a las personas que rodean. Es muy creativo con una imaginación que lo hace volar por un universo mágico en donde le encanta crear historias, es un personaje con el que me identifico mucho”, dijo el protagonista, Lukas Kascas.

Los personajes de Rafael Pombo serán interpretados en vivo por un elenco de primer nivel conformado por Steven Lukas Kaskas (Participante de la Voz Kids 2019), Isa Mosquera, Julio Sanchez Cocaro, Maru Yamusa, Sandra Serrato, José Daniel Cristancho bajo la dirección de Juan Carlos Mazo.

“Será una gran producción de música, llena de magia, con las historias de Rafael Pombo. Rin Rin Renacuajo, La Pobre Viejecita, Simón el bobito, con las que nosotros crecimos, todos incluidas en una historia completamente nueva y colombiana que le gustará tanto a niños como adultos” comentó el director de la obra, Juan Carlos Mazo.

El musical contará con una puesta en escena contemporánea a pesar de que la historia ocurre en la época de 1840, se empleará un lenguaje actual con una innovadora tecnología, proyecciones de video mapping y animación digital de gran formato. La puesta en escena ambienta la casa del protagonista, su escuela y los paisajes del universo de Rafael Pombo.

Según el director de arte, Santiago Caicedo la obra requiere mucho dinamismo y velocidad. “En escena veremos a unos personajes que rompen con los esquemas tradicionales que estarán en la imaginación del protagonista del musical ‘Macario’. Serán unos personajes de fabulas más fantásticos a los que estamos acostumbrados a ver”.

Los cuentos de Rafael Pombo han sido musicalizados por los principales artistas de Colombia (Fonseca, Martina La peligrosa, Guillo Vives, Gusi, Santiago Cruz, Herencia de Timbiquí, Fanny Lu, entre otros).

Desde ya se encuentra disponible la boletería para ‘Pombo, el musical’. Tiene un costo de $30.000 a $70.000 pesos y se pueden conseguir a través de www.tuboleta.com, en puntos TuBoleta a nivel nacional y en la taquilla del Teatro Colón.

TEATRO COLÓN
Calle 10 # 5-32 Bogotá, Colombia

Conmutador (57+1) 3816380
Taquilla:(57+1) 3816358 – (57+1) 3816359 – (57+1) 3816372
info@teatrocolon.gov.co

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El valor poético de Orlando Echeverri Benedetti en Bogotá Contada

El valor poético de Orlando Echeverri Benedetti en Bogotá Contada

El escritor cartagenero es el último invitado del año al programa de la Alcaldía de Bogotá. Actividades desde el 14 al 21 de noviembre.

La visita incluye la presentación del libro La fiesta en el cañaveral, eventos de promoción de lectura y encuentros con otros autores locales. Orlando Echeverri estudió filosofía y es colaborador de varios medios de comunicación como la revista El Malpensante, Universo Centro y el magazín estadounidense Hobart. Vivió en Argentina, España y el sur profundo de Tailandia, donde se desempeñó como fotógrafo. En 2014 obtuvo el Premio Nacional de Novela Idartes con el libro Sin freno por la senda equivocada. Hizo parte de la antología de cuento de la editorial Rey Naranjo, titulada Puñalada trapera. Su segunda novela, Criacuervo, publicada por Angosta Editores en 2017 y traducida al italiano por la editorial garibaldina Edicola, fue seleccionada como finalista del Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura de 2018. Ese mismo año, Literatura Random House publicó su más reciente obra, La fiesta en el cañaveral, compuesta por once relatos. Actualmente reside en el Reino Unido.

En los encuentros se evidenciará su pasión por la literatura alemana, el proceso de creación de sus personajes, el profundo conocimiento sobre el desarraigo basado de su experiencia personal. “Siempre intento evitar la imagen vacía o impostada. Me gusta la imagen cuando tiene un valor, poético”, aseguró para El Espectador el autor. Sin duda sus textos están plagados de escenas cosidas a la medida, con belleza y profundidad.

La comunión consigo mismo es su interés en la literatura. Y justamente llega a este programa de la Alcaldía de Bogotá a conversar con los asistentes sobre las experiencias que le han permitido seguir su instinto, no traicionarse y publicar. La librería Hojas de Parra, Casa Tomada Libros Café y la Biblioteca Pública de Suba, serán testigos de su visita.

Agenda de actividades

Sábado 16

6.00 p.m.
Encuentro con Orlando Echeverri Benedetti
Conversación con el escritor Juan Fernando Hincapié
Casa Tomada Libros y Café
Transversal 19 Bis No. 45D-23

Miércoles 20

3:00 p.m.
Encuentro con Orlando Echeverri Benedetti
Conversación con el promotor de lectura Andrés Barragán
Biblioteca Pública de Suba Francisco José de Caldas – Auditorio
Carrera 92 No. 146 C – 24

Instituto Distrital de las Artes – Idartes
Carrera 8 N° 15 – 46
PBX:(+571) 3795750
​​contactenos@idartes.gov.co

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